Si el catarí Mohamed Bin Hammam sobornó en su afán de ganar la votación para presidente de la FIFA, cae por su propio peso que también hubo dinero bajo la mesa para la elección de Qatar como sede del Mundial del 2022.
En consecuencia, la FIFA debe anular la designación de Qatar, porque esos comicios estaban viciados, y llamar a nuevas elecciones.
Ya existe el antecendente en la FIFA de haber quitado la sede anteriormente. Ocurrió con Colombia, que había sido elegida para organizar el Mundial de 1986.
Entonces, Joao Havelange adujo que Colombia no contaba con la infraestructura necesaria para organizar la Copa del Mundo se le había pedido, entre otras cosas, una red ferroviaria- y por lo tanto decidió negarle el derecho que había obtenido en la votación. Finalmente, el Mundial de 1986 fue concedido a México.
En esta oportunidad, la designación de Qatar para ser la sede del Mundial en el 2022 está llena de sospechas.
Por otro lado, cada día surgen más evidencias que Bin Hamman empleó métodos sucios con el propósito de llegar a la presidencia de la FIFA, envalentonado por el hecho de que en diciembre pasado había sido factor clave para que Qatar se adjudicara la sede, pese a que hasta ahora dicho país no cuenta con un solo estadio y no tiene una infraestructura futbolistica que respalde un proyecto de este nivel.
El viernes pasado, el presidente de la Asociación de Fútbol de Surinam, Louis Giskus, informó que en la reunión de la CONCACAF con Bin Hammam, el 11 de mayo en Trinidad, se le entregó un sobre marrón con $40,000 en cuatro fajos de $10,000 con billetes de $100.
Jason Sylvester, oficial de la Asociación Caribeña de Fútbol, dijo al entregar el sobre que era un obsequio destinado al desarrollo de proyectos futbolísticos.
Días atrás, había habido una reunión de la CONCACAF en Miami y en esa oportunidad, el entonces presidente de dicha institución, Jack Warner, se negó a decir a quien iban a apoyar en las elecciones de la FIFA, pese a que el presidente y candidato Joseph Blatter estaba presente.
Queremos escuchar también al otro candidato, como parte del juego limpio, para luego dar nuestro respaldo, afirmó entonces Warner, quien ahora está suspendido de todas sus funciones en la FIFA acusado de corrupción.
Warner siempre fue un aliado incondicional de Blatter, y todo el mundo daba por descontado que la región iba a apoyar el presidente, que postulaba para ejercer su cuarto mandato. Blatter ganó la elección como candidato único, pues Bin Hammam también fue suspendido.
Con motivo del Mundial de Alemania 2006, Warner había sido acusado de favorecer a su familia en la venta de entradas para la gran cita. La FIFA lo exculpó.
Ahora se acusa a Warner y Bin Hammam de haber ingresado a Trinidad con $1 millón, dinero destinado al pago de sobornos a los 26 miembros caribeños de la CONCACAF asistentes a esa cita.
Cada día aparece un nuevo trapo sucio. Surgen más evidencias que ponen de manifiesto un manejo inescrupuloso y oscuro en el interior de la FIFA. Todo es una farsa, un montaje, una gran estafa.
La FIFA siempre se ha caracterizado por ser un organismo hermético e implacable. Nadie puede hurgar ahí. No hay transparencia. Las decisiones son finales.
El escándalo ahora es de tal magnitud que el daño que se le ha hecho a la FIFA es irreparable. El ente rector del balompié universal ha perdido toda credibilidad. Por ahora los auspiciadores guardan absoluto silencio. Pero en el futuro no querrán ser asociados con un ente corrupto. Imagínense a Coca Cola y Adidas, entre otros, cuyos productos llegan a los jóvenes principalmente, son ahora empresas que apoyan a un organismo donde la coima es el credo.
La FIFA debe limpiar la casa. La elección de Qatar como sede del Mundial del 2022 está llena de dudas. Es hora de corregir y lavar esa mancha negra.


























Mi Yahoo