Después de las victorias de Miami sobre Boston y Chicago, el ex jugador de los Bulls, Scottie Pippen, comparó a LeBron James con Michael Jordan. Y a partir de ese momento, algunos analistas emitieron similares declaraciones aprovechando que el Heat parecía encaminar su pasos hacia el título de la NBA.
A Pippen lo podemos entender, pues a pesar de haber sido uno de los mejores jugadores de la NBA, es un ser humano con imperfecciones que, aunque no lo exprese públicamente, pudiera guardar sus celos por haber actuado durante casi toda su carrera bajo la sombra de Jordan.
A quienes no entiendo son los analistas que realizaron una comparación inadmissible. Al menos por el momento.
Nosotros no le restamos méritos al delantero de Miami, pero existen diferencias entre él y Jordan, y son las que dividen a una superestrella normal de otra superestrella especial. James es una superestrella normal y Jordan fue especial.
Jordan fue un jugador completo. No sólo fue el mejor en el orden ofensivo, también fue un excelente defensor, con buenas habilidades para maniobrar el balón y organizar jugadas con los restantes componentes del equipo. Se le consideró un líder nato que con su influencia y personalidad en la cancha le daba ritmo al trabajo colectivo, ayudando a que un jugador mediocre a su lado se convirtiera en bueno y uno bueno en estrella. Fue un atleta que nunca fallaba en los momentos difíciles.
No por gusto guió a los Bulls a varias coronas de la NBA. A la hora precisa, cuando un error podía conducir a la derrota, ahí llegaba Jordan para decidir el partido Y casi siempre lo decidía a su favor.
Aunque James es un jugador completo y es lo más parecido a Jordan en el básquetbol actual, aún no llega a la altura del que ha sido el rey de este deporte.
En su segunda final de la NBA, James mostró problemas que lo alejan de una posible comparación con Jordan. Le faltó liderazgo y falló cuando el equipo lo necesitaba. No fue capaz de contribuir a que el Heat tuviera una buena labor de conjunto en busca de la victoria frente a un quinteto que enseñó una mejor organización colectiva, un juego superior en los momentos de presión y las agallas que poseen los campeones.
En la historia del deporte sobran los casos en que un jugador estrella no es un gran ganador y es incapaz de guiar a su equipo al campeonato. Puede ser el caso de James, aunque tampoco descartamos que mejore sus puntos débiles. Creo que por ser un atleta joven de enorme talento, pudiera en un futuro mejorar la imagen que se ha creado de fallar en los momentos decisivos.
Algo que también debería mejorar James es controlar su egocentrismo. No creerse un Dios del baloncesto, pues no lo es. Tratar de ser más humilde, pues la humildad ayuda.
Cuando James llegó a Miami prometió no uno, ni dos, ni tres, sino más de cinco títulos. Falló en su primer intento. Pero no es el único jugador estrella que demoró tiempo para ganar un título de la NBA. Leyendas como Wilt Chamberlain, Bill Rusell, Magic Johnson y Larry Bird tuvieron que esperar para ponerse el anillo de campeón. James está a tiempo.
Cuando las expectativas que se crean para un equipo es superar a otros que se convirtieron en dinastías, ninguna otra cosa que no sea la victoria en la final de la NBA, es aceptable. Por ello, las tres derrotas consecutivas del Heat, incluyendo el sexto juego en casa, fueron decepcionantes.




























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