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Erislandy Lara es víctima de un robo brutal ante Paul Williams

 
 

Erislandy Lara conecta limpio al rostro de Paul Williams.
Erislandy Lara conecta limpio al rostro de Paul Williams.

EL NUEVO HERALD

La frase le salió del alma a Erislandy Lara cuando le preguntaron qué creía de la votación de los jueces en una pelea que brutalmente le robaron ante Paul Williams: “esto es tremenda m…’’.

Y no estaba equivocado, porque Max Kellerman, uno de los principales expertos de boxeo de la cadena HBO fue rotundo al afirmar, un poco más elegante, que “esto apesta’’.

Dígase como se diga, nada podrá borrar el hecho de que el boxeo alcanzó el sábado en la noche en Atlantic City una nueva profundidad en su ya apretada galería de bajezas, luego de que tres jueces inescrupulosos le otorgaran a Williams un triunfo que nunca mereció, un balón de oxígeno inesperado para una carrera que ya vio pasar sus mejores días.

Williams (40-2, 27 KO) pensó encontrar en Lara (16-1-1, 10 KO) apenas un peldaño inferior hacia su meta de una revancha contra el argentino Sergio Martínez, pero se topó con un rival que lo dominó de principio a fin –salvo un par de asaltos intermedios-, que conectó los mejores golpes y que lo martilló tenazmente con una mano izquierda que parecía un látigo.

Al final, un juez entregó su tarjeta 114-114, un segundo 115-114, y un tercero 116-114 a favor de Williams, a quien su entrenador, George Peterson, le había advertido desde el noveno asalto que, “si no lo noqueas, vas a perder esta pelea’’, a lo que el estadounidense respondió con el rostro ensangrentado: “Lo sé’’.

“¿Cómo le pueden hacer algo así a este muchacho?’’, se preguntó el legendario Roy Jones Jr., quien también es analista para HBO. “Es una desgracia lo que ha sucedido. Todos aquí hemos visto el triunfo de Lara. Si hubiera sido Martínez [en vez del cubano], Williams estaría ahora mismo en el hospital’’.

Desde que se anunció la pelea quedó claro que Williams no tomaba en serio al guantanamero. Después de todo lo superaba en peso, en alcance y en renombre. Pero desde el mismo primer asalto quedó claro que la noche no sería un paseo sobre alfombra roja y que Lara estaba dispuesto a jugarse el todo por el todo, la reputación y su carrera, luego de su discretísimo combate previo ante Carlos Molina.

Aquel empate de Lara contra Molina en Las Vegas tampoco fue un tratado de justicia, pero lo que aconteció el sábado en Atlantic City fue tomado de los mejores robos de banco por la mafia. Delante de todos y a plena luz, los jueces perpetraron un crimen boxístico del que todavía quedan evidencias encima del cuadrilátero.

Lara, que aceptó el combate cuando el primer oponente de Williams se retiró, que llegó con un entrenador de último minuto, porque Ronnie Shields tuvo que estar al lado del boricua Kermit Cintrón; tenía todas las papeletas para irse a la cama con la derrota. Sin embargo, nunca pensó que los jueces, y no su rival, le escamotearían lo que tanto trabajo le había costado ganar.

A Williams le levantaron la mano y a Lara lo dejaron con la sonrisa convertida en mueca. El boxeo es el teatro de lo inesperado y la injusticia se pasea como moneda de cambio en forma de boletas. Todos los que saben un mínimo del negocio del dolor advierten que las fortunas y las bolsas, casi siempre, van y vienen sin un palmo de decoro.

“¿No sé qué estaban pensando los jueces?’’, se preguntó Lara casi al borde del llanto.

Nosotros tampoco. Nadie.

El Nuevo Herald

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