Es cierto que los inmigrantes cubanos que llegan a este país son personas privilegiadas. He conocido a muchos cubanos que vinieron de visita y acabaron quedándose, otros ya salen de la isla con la intención de instalarse en EE.UU. También son miles los que han llegado en balsa arriesgando sus vidas pero sabiendo que si logran pisar tierra firme se sacan la lotería. Por supuesto, la realidad es muy diferente si vienen de otros paises, algunos de ellos inmersos en inmensas tragedias, como Haití. Para estos últimos está la deportación, no para los cubanos.
La varita mágica que le otorga el regalo de la casi instantánea ciudadanía americana a los cubanos recién llegados se llama la ley de ajuste cubano y en este momento ésta parece estar en el pico del aura. Es precisamente un cubanoamericano, el congresista republicano David Rivera el que le ha puesto en bandeja de plata a sus colegas en la Cámara de Representantes una propuesta para reformar drásticamente la ley de ajuste cubano.
Curiosamente, para muchos que nunca están de acuerdo con la propuesta de Rivera y que no comparten su obsesión enfermiza de prohibir viajes humanitarios, académicos y de todo tipo a Cuba; están sin embargo de acuerdo con él y están diciendo que ha llegado el momento de cambiar esta ley que parece ser unánimemente considerada como anacrónica e injusta.
Bajo la ley actual el inmigrante cubano puede hacerse residente americano al año y a un día de estar en Estados Unidos con la residencia adquieren todo tipo de beneficios desde pagos de seguro social hasta sellos de alimentos. Al cabo de cinco años pueden hacerse ciudadanos. Rivera propone que todo el que regrese a Cuba durante los primeros años de estar aquí perdería la residencia que le otorga la ley y por ende la posibilidad de hacerse ciudadano.
La ley original le daba un trato diferente a los cubanos porque estos no podían regresar a su país de origen para solicitar residencia ya que habían salido huyendo de la dictadura de Castro. Hoy en día la mayoría de los agraciados con una flamante tarjeta de residencia se montan de inmediato en el próximo avión a La Habana cargados de las maletas inmensas que irónicamente se llaman gusanos. A muchos les molesta que 300 mil cubanos viajen a Cuba cada año desde Estados Unidos. A mí no . Lo que no me gusta de la ley es que establece diferencias entre un grupo y otro y convierte a los cubanos en vacas sagradas algo que con toda razón resiente el resto de los inmigrantes. ¿Cúantos venezolanos, colombianos y haitianos que viven aquí desesperados por no poder legalizar su estatus no han sido víctimas de persecución y violencia?
Pero lo que verdaderamente me irrita de la ley de ajuste es que hoy en día fomenta un desprecio hacia este gran país al que muchos de estos residentes instantáneos ven simplemente como un gigantesco ATM.
Convertirse en ciudadano es un paso serio que requiere reflexión devoción o al mínimo interés en su historia y en cómo funcionan su gobierno y sus leyes. Los que viven con pie aquí y otro allá no pueden ni deben dar ese paso. Cinco años es suficiente tiempo para ubicarse y pensar a fondo si verdaderamente queremos ser parte de este maravilloso y frustrante experimento que llamamos Estados Unidos y que nos ofrece la oportunidad única de luchar por nuestros sueños en un marco de justicia y democracia.

























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