Wilfredo Allen tenía 15 años cuando fue por primera vez a la recién inaugurada Ermita de la Caridad del Cobre para dar gracias por la recuperación de su padre, que había sufrido una embolia cerebral. A partir de entonces, ese templo ha estado ligado a su vida, su profesión y sus raíces.
Mi mamá era sumamente devota de la Virgen de la Caridad y fuimos a darle gracias por la salud de mi padre, recordó Allen, de 59 años. Fue una experiencia espiritual. La Ermita significaba para nosotros Cuba, tocar Cuba otra vez.
Diez años después, tras ser baleado por un perturbado mental, su madre y su tía acudían a la Ermita a diario a rezar el rosario antes de visitarlo en el cercano Hospital Mercy, donde los médicos le daban un pronóstico trágico. Al ser dado de alta, la Ermita fue su primera parada.
A lo largo de los años, Allen, quien es uno de los mejores abogados de inmigración de la nación, ha sido un infatigable colaborador del santuario, sobre todo en lo que respecta a los inmigrantes cubanos. Allen asesoró a monseñor Agustín Román, quien fue obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Miami y rector de la Ermita, durante los motines de refugiados del Mariel en 1987 en las prisiones federales de Atlanta, Georgia, y Oakdale, Louisiana.
En el 2006 también estuvo involucrado en las negociaciones con Román para que el activista anticastrista Ramón Saúl Sánchez suspendiera su huelga de hambre en protesta por la repatriación de un grupo de balseros cubanos que arribaron al puente de las Siete Millas, a la altura de Cayo Marathon.
Allen es miembro de la prestigiosa y antigua Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, que cuenta con 25,000 miembros.
Monseñor Román y la Ermita siempre han sido defensores de los refugiados cubanos, y mi socio Luis Fernández y yo hemos donado nuestro tiempo para defender a los refugiados cubanos, declaró Allen. La Ermita es un lugar que siempre ayuda.





























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