Según Román, desde el principio comenzaron a peregrinar grupos de los 126 municipios de Cuba. Se formó un comité de recaudación de fondos y se edificó una capilla provisional. Los feligreses contribuían con lo que podían en medio de su penuria.
Eran sacos y sacos de centavos que había que llevar al banco diariamente, porque si se juntaban dos o tres días no había quien pudiera cargarlos, precisó Román.
En diciembre de 1973 se terminó la construcción de la estructura central del templo, ampliada en 1996. Tres años después, se construyó el aledaño Salón Padre Félix Varela. Las obras finalizaron en el 2002. Para esa fecha la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos había elevado a la Ermita al rango de santuario nacional.
Eso demuestra la importancia que tiene el santuario en la vida diaria del exilio, señaló el abogado cubanoamericano Rafael Peñalver, uno de los activistas laicos que ha permanecido ligado a la Ermita durante décadas. Lo increíble es que se haya logrado eso en tan poco tiempo y contra ciertas mareas políticas que no querían que surgiera un símbolo tan poderoso en el exilio que pudiera hasta cierta forma contrastar con la agenda de la Iglesia en Cuba.
A lo largo de estos años, la Ermita ha contado con la infatigable labor de los miembros de la Archicofradía de la Virgen de la Caridad, una de las primeras instituciones religiosas fundadas por la Iglesia en Cuba. Estos servidores laicos diariamente acogen a los visitantes y a los nuevos feligreses, entre ellos cientos de devotos no cubanos.
Desde el éxodo del Mariel hasta la batalla por retener la custodia del niño Elián González a principios de esta década, la Ermita ha sido el centro de los principales hitos del exilio. En palabras de Román, el santuario ha servido como un muro de los lamentos para los cubanos.
Para el padre Juan Sosa, ex secretario de Román y párroco de la Iglesia St. Joseph, en Miami Beach, la Ermita se convierte en la casa del cubano que viene a visitar la Virgen y cargar las baterías de su identidad religiosa y nacional.
Es un espacio al margen de las estructuras culturales que permite a los fieles despojarse de sus rangos en la sociedad para caminar unidos con otros una jornada espiritual, convocada por todo lo que la Virgen de la Caridad representa para sus devotos, dijo Sosa. Representa el abrazo de Dios con el pueblo cubano.





























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