Demasiado rápido y demasiado pronto. Así parecía el camino de Hairon Socarrás en el boxeo, luego de cuatro presentaciones en las que no había pasado más allá del segundo asalto y con todas las peleas ganadas por nocauts claros, evidentes, rotundos. Cuando se tienen sólo 18 años esa hoja de ruta, por pequeña que sea, impresiona.
Su rival del viernes en el Kissimmee Civic Center era un perfecto desconocido en las 122 libras, un don nadie en el cuadrilátero que llegó con un anémico récord de 1-1 y un KO, pero Lamar Charlton, sin quererlo y a su pesar, le dio una lección deportiva al joven púgil que con suerte no olvidará el resto de su vida.
Al final de una pelea extraña y deslucida, el árbitro levantó los brazos de ambos gladiadores en señal de empate, y en el rostro de Socarrás se podía leer la frustración. El estaba consciente de que había colocado los mejores golpes, que hizo más por llevarse el triunfo ante un oponente escurridizo, pero con mucha maña para su supuesta poca experiencia.
Por otra parte, ese mismo árbitro decretó un conteo de protección totalmente falso que perjudicó al habanero en el tercer asalto. Sólo el encargado de impartir justicia en el ring vio un golpe contundente cuando lo único que se produjo fue un un resbalón y el esfuerzo torpe y acelerado de Socarrás por recuperar la postura.
En un combate de apenas cuatro asaltos, sin embargo, esos dos puntos que se deducen en las boletas casi siempre resultan letales y Socarrás puede darse por satisfecho de haber regresado a Miami con un empate y no la primera derrota de una carrera a la que todavía se le auguran muchos éxitos.
Ahora, en honor a la verdad, el muchacho equivocó el plan de guerra. Entró al intercambio desordenado de un oponente que no sabía idear nada en el aspecto ofensivo y tiraba golpes de suerte a ver qué recogía en el trayecto. Socarrás, en vez de detenerse un momento, dar un paso atrás y ver las carencias de Charlton con más claridad, le siguió en un cuerpo a cuerpo ciego y, algunas veces, improductivo.
El estadounidense de Orlando para más señas- supo hurtarle el cuerpo a un joven acostumbrado a pegar pronto, a solucionarlo todo rápido y ante rivales con más experiencia. Mientras menos encontraba a Charlton, más se desesperaba Socarrás. Y en el boxeo, ya se sabe, una mente nublada no sirve de mucho.
Mejor que pase ahora que no más tarde, porque Socarrás no se va de aquí con el empate, también se lleva varias lecciones que le ayudarán a desarrollarse como un boxeador más completo, expresó el promotor Tuto Zabala Jr., quien vela por los intereses del cubano. Con un burro tu no puedes fajarte a patadas. Las grandes boxeadores que en el mundo han sido no sólo ganaron con golpes. La inteligencia también puso su parte. No debemos presionar a Socarrás. Recuerden, son apenas 18 años.
En otro orden de cosas, dos púgiles también cubanos pertenecientes a la empresa Dream Team Promotions salieron airosos en sus combates en la velada de Kissimmee. Pedro Rodríguez (6-0, 5 KO) derrotó por nocaut en el primer asalto a Francisco Alvarez (12-3, 10 KO) e Inocente Fizz (7-0, 5 KO) venció por decisión unánime a Carlos Ramos (4-2, 3 KO).



























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