PETROPOLIS -- Cuando el escritor Stefan Zweig, nacido en Austria, se mudó en 1941 a esta ciudad de palacios imperiales enclavados en las montañas cercanas a Río de Janeiro, era uno de los escritores más traducidos del mundo, renombrado por sus tensas novelas en las que exploraba la pasión, obsesión y desesperación.
Sin embargo, después de que Zweig, descorazonado por el progreso de los nazis, se quitó la vida aquí unos meses más tarde, a los 60 años, en un pacto suicida con su joven esposa, Lotte, se volvió conocido en su país por adopción por haber creado una de las frases más trilladas que se haya asociado con Brasil alguna vez: “El país del futuro”.
Derivada del título de su libro de 1941 en el que elogiaba al mayor país de América Latina, la frase fue expandida y reciclada ad náuseam como refrán: “Brasil es el país del futuro, y siempre lo será”, usada casualmente para descartar a una nación plagada desde hacía largo tiempo por la alta inflación y enquistada corrupción.
Ahora que las perspectivas de Brasil han mejorado notablemente, los brasileños están reevaluando a Zweig y su legado a medida que el título del libro adquiere nueva vigencia una vez más, al tiempo que todos, desde ejecutivos de publicidad hasta diplomáticos europeos de visita e incluso el presidente Barack Obama, quien visitó Brasil en marzo, la usan en discursos para dar a entender que el “futuro” de Brasil quizá ya haya llegado finalmente.
“Brasil ya no es el país del futuro”, dijo Romero Rodrigues, empresario brasileño de Internet, en un nuevo giro típico de la frase. “Es el país del presente”.
La casa en que Zweig se quitó la vida aquí, tragando veneno, será reabierta pronto como museo. En el ínterin, escritores e historiadores brasileños han estado reflexionando sobre la trascendencia de “Tierra del futuro”, así como una parte de la intriga política en torno a su publicación hace 70 años.
En una discusión acerca de Zweig televisada en fecha reciente, Alcino Leite Neto, director editorial de la editorial Publifolha, comparó su importancia en Brasil con la que tiene en Estados Unidos Alexis de Tocqueville, el pensador político de Francia que escribió sobre conceptos americanos de libertad e igualdad en La democracia en América.
“Tuvimos a Stefan Zweig”, dijo Leite Neto, “quien nos dejó este libro que promueve la tolerancia, el entendimiento entre los pueblos, una crítica a favor de la paz, escrito justo durante la II Guerra Mundial”.
También está en marcha una apreciación más amplia de su obra, con dos filmes brasileños en producción adaptados de su obra, uno de La colección invisible, sobre la experiencia de Alemania con la inflación, y otro de Leporella, sobre una sirvienta que se enamora de su patrón.
Sin embargo, son la misma “Tierra del futuro” (publicada aquí desde los años 40 en varias ediciones como País del futuro), y los paseos de Zweig en Brasil antes de su muerte, las obras que han desatado el mayor interés en últimas fechas.




























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