En cualquier gran ciudad de Estados Unidos hay restaurantes de tapas. En España, donde nacieron, están las mejores tapas típicas de cada región pero la mayor variedad, representativas de las regiones españolas, se encuentra en Madrid.
Estos platillos se originan de la costumbre de tapar los vasos de vino en las tabernas con un trozo de pan o jamón para que no entrasen en ellos moscas o polvo.
Aproveché mi estancia en el Gran Meliá Fénix para emprender por este hotel una aventura del tapeo. Las habitaciones de este elegante miembro de The Leading Hotels of the World, en la Calle Hermosilla (Barrio de Salamanca), son de gran estilo europeo y comodísimas. Cuenta con un servicio esmerado, un famoso bar del maestro de copas Javier de las Muelas, suites con terrazas con whirlpool que miran a la Plaza de Colón, y restaurantes donde probamos deliciosas tapas de jamón ibérico, canapés de salmón y excelentes quesos.
Desde el 2008 surgieron en Madrid los llamados gastrobares, con tapas de calidad a precios asequibles y preparadas por talentosos chefs –una manera de degustar alta gastronomía en miniatura, acompañada de excelentes vinos.
El gastrobar/restaurante El Lateral, Castellana 42, muy de moda, cuenta con un menú y ambiente distintivos a precios asequibles. Allí probamos varias tapas innovadoras, preparadas con el más puro aceite de oliva orgánico, libre de pesticidas y extra virgen, LA Organic (de Andalucía), cuya botella diseñada por Philippe Starck está en cada mesa. Nos deleitaron tapas como el solomillo con Brie fundido o con foie; Foie, confitura de mañana y jamón ibérico; patata rellena de jamón, parmesano y huevo de codorniz; minihamburguesas con reducción de Pedro Ximénez; y quesadillas de acelgas y champiñón con queso Gouda.
A las ocho (hora de tapas) visitamos uno de los restaurantes de Carlos Galán, dueño también de dos restaurantes en Miami. Ubicado en Comandante Zorita 4, El Recuerdo, con decenas de velas encendidas y espejos gigantes, es un lugar ideal para degustar tapas tradicionales, como las croquetas caseras de jamón (buenísimas), medallón de Foie a la Plancha, y huevos rotos con patatas y picadillo de ibérico. Otras tapas modernas son la tosta de solomillo “Pata Negra” con cebolla confitada; el hojaldre de puerros y espinacas con salsa de hongos; alcachofas gratinadas rellenas de jamón y bacon; merluza con cilantro y lima; y carrillera de ibérico con puré de garbanzos. Las raciones tienen precios muy moderados, desde 3.10 euros ($4).
Uno de mis rincones favoritos en Madrid es la Plaza de Santa Ana, en el barrio de las Letras. Me anima el bullicio que crean cientos de personas congregadas en las terrazas, bares y cafés. La nueva cocina de tapas ha llegado a alto nivel en un gastrobar/restaurante abierto allí este año, decorado con lámparas de enormes bombillas y muebles de diseñadores. Nos atendió su dueño, el carismático Julio Arpa. La cocina es tanto tradicional como original y exótica, aunque el ambiente tan moderno me resultó algo frío. Nos deleitó la innovadora preparación de tapas como el tiradito de corvina con mango, totopo de cochinita pibil con guacamole, croqueta de cecina con parmesano y emulsión de tomate y albahaca, croqueta de pollo al curry con coulis de piña, dúo de Dim-Sum de solomillo al cabrales con gelée de oporto y carrillera de buey con curry rojo y puré de boniato y el mini Bull-Burger de rabo de toro con parmesano. Los precios son razonables, desde 5,50 euros. La carta de vinos es selecta, con 40 vinos de 35 denominaciones de origen.



























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