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DORA AMADOR: Adviento

 

Es el tiempo de espera que la Iglesia nos da para reflexionar sobre la venida histórica del Mesías prometido, la presencia de Cristo en nuestro corazón y la venida de Cristo de nuevo al final de los tiempos.

Tres aspectos de un mismo acontecimiento histórico, la encarnación, que redimió a la humanidad, la divinizó. Dios se hizo hombre, entró en la historia y se hizo uno como nosotros, en todo humano, menos en el pecado.

Este Adviento se nos invita a lograr una comprensión mayor y no la sentimental espera por el Niño Jesús; a una apreciación más honda del mensaje de la encarnación de Dios en Jesús. La encarnación ya es la redención. “El mensaje de Jesús es tan urgente que no podemos permitir que esta gran fiesta de Navidad y su preparación en Adviento, sea disminuida de ninguna forma”, dice Richard Rohr en una de sus reflexiones diarias que recibo y leo todas las mañanas. Para mí uno de los pensadores católicos más importantes de este siglo.

El mensaje de Jesús fue la venida del Reino de Dios, y nosotros nos hemos conformado con la dulce venida del bebé que pide muy poco de nosotros en términos de entrega, encuentro, mutualidad, lucha por la justicia y la paz, estudio de las Escrituras o las enseñanzas de Jesús.

“A esto es a lo que los invito en este Adviento. Pero estén avisados: la Palabra de Dios confronta, convierte y consuela, en ese orden. El sufrimiento, la injusticia, la devastación de este planeta –y de los hogares– son demasiado grandes para conformarnos con un evangelio infantil o un Jesús infantil”.

Y es que todo está tan claro el Primer Domingo de Adviento. La lectura de ese día proclamada en todas las iglesias fue el Evangelio de Marcos, capítulo 13:

¡Atención, estad despiertos, porque no conocéis el día ni la hora! … Lo que os digo a vosotros se lo digo a todos: ¡Velad!

Estas palabras tremendas la Iglesia las pone como lectura para meditar cuando se inicia el nuevo Año Litúrgico, el primer domingo de adviento. Curioso.

No se trata sólo de villancicos, poner un nacimiento y narrar la historia sin duda hermosa de Lucas, se trata de mucho más. Cierto, Jesús nació y celebramos esa grandiosa fiesta en Navidad. Pero, ¿qué significa ese nacimiento? Que Dios, ¡Dios!, nos ama tanto que se hizo carne y habitó entre nosotros.

doramador12@gmail.com
El Nuevo Herald

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