BOXEO / PEDRO LUIS DIAZ

El hombre que reinventó a Miguel Cotto

 
 

Miguel Cotto (en primer plano) es contemplado por el entrenador cubano Pedro Luis Diaz.
Miguel Cotto (en primer plano) es contemplado por el entrenador cubano Pedro Luis Diaz.

EL NUEVO HERALD

Pedro Luis Díaz podía escuchar las voces en el fondo, a sus espaldas. Oía las palabras que cuestionaban su capacidad para triunfar en el boxeo profesional ante lo que consideraban el equipaje excesivo de sus años como entrenador amateur con la poderosa escuadra olímpica de Cuba.

Por todos lados saltaban dudas y muchos en los círculos más profundos del deporte de los puños se apresuraban a presagiar una debacle para Miguel Cotto en su revancha contra Antonio Margarito. Después de todo, el campeón puertorriqueño había abandonado la sombra protectora del legendario del técnico Emmanuel Steward, un verdadero forjador de reyes del ring.

“Las dudas hunden a algunos, pero a otros les sirve como estímulo’’, expresó Díaz a El Nuevo Herald poco antes de viajar a la Isla del Encanto para recibir un homenaje. “De frente, muchos decían cosas bonitas y correctas, pero yo sabía que no confiaban en mí. Y no los culpo. La gente necesita pruebas para creer’’.

Y la prueba definitiva se produjo el 3 de diciembre, cuando un Cotto transformado, reinventado, demolió a su némesis con un boxeo inteligente y rotundo, gracias a un movimiento circular de piernas y combinaciones certeras que obligaron al árbitro a detener el combate en el décimo round.

Al final, Cotto miró para su familia y les enseñó el rostro, muy distinto de aquel que en el 2008 era un amasijo de carne y sangre, víctima de lo que el boricua estimó un intento contra su vida. El campeón vive convencido de que Margarito utilizó contra él en esa ocasión el mismo procedimiento para endurecer los vendajes.

Por el contrario, esta vez fue el ojo de Margarito el que necesitó 12 puntos de sutura, lo que alimentó la polémica sobre el controversial permiso de la Comisión de Nueva York para que el mexicano pudiera subir al cuadrilátero. Era el mismo ojo que había sufrido dos operaciones y al que se le había insertado un lente artificial.

“No fue algo premeditado golpear sobre el ojo derecho de Margarito’’, explicó Díaz. “Pero Miguel vio una brecha y como es natural la explotó para su beneficio. De cualquier manera, Miguel iba a ganar, porque su boxeo es mejor, porque su técnica es más depurada, porque es un campeón de verdad’’.

Cotto, por su parte, no pudo quedar más complacido con Díaz.

Pedro trazó la estrategia perfecta para esta pelea”, sostuvo Cotto tras el combate. “La seguimos todos los integrantes [del equipo], primero que nada durante el campamento. Luego en la pelea. Simplemente utilizamos nuestra rapidez, nuestros mejores movimientos contra Margarito y evitamos las sogas, que fue lo que nos mató la vez anterior”.

Aunque no lo reconozca de manera directa, el triunfo de Cotto es una especie de reivindicación para Díaz y sobre todo para sus métodos científicos de entrenamiento, muchos de los cuales nacen de sus días como profesor de ciencias deportivas en La Habana –tiene varios libros escritos sobre preparación física-, cuando trabajó con más de 20 campeones olímpicos.

Díaz es un poseído de las estadísticas, le gusta medir hasta la última gota de esfuerzo, hasta el último de los respiros y las pulsaciones del corazón. Es un enamorado de los detalles. Planifica los entrenamientos por días, semanas y meses. Cuando comenzó a trabajar con Cotto en Orlando el 4 de octubre ya tenía en mente lo que quería para el 3 de diciembre en Nueva York.

“No se puede ir al gimnasio a perder el tiempo, ni se le puede hacer perder el tiempo a un campeón’’, reflexiona Díaz. “Eso sí que no es profesional, y se lo digo a todos aquellos que hablan de lo que significa ser un profesional. Como en todo en la vida, en el boxeo hay que tener objetivos, metas. Si no entrenas con seriedad, entonces sí juegas con la vida de tu púgil. Yo lo mido todo, lo registro todo. No quiero que se me escape nada, mucho menos el triunfo’’.

Esta obsesión por su trabajo fue lo que atrajo a Cotto a la órbita de Díaz, desde que a fines de los 90 ambos coincidieran en unos Juegos Panamericanos, cuando el primero representaba a Puerto Rico y el segundo actuaba en la esquina de los cubanos. A lo largo de los años mantuvieron una relación de respeto y al presentarse la oportunidad de unir fuerzas no lo dudaron ni un segundo.

Por lo pronto, Cotto ya mostró su deseo de continuar con el cubano para combates futuros y dijo tener el deseo de “seguir aprendiendo de él’’.

A Díaz, sin embargo, le queda una espinita clavada y una última duda por desterrar.

“Muchos han hablado algo barato de Odlanier Solís por lo que pasó en el combate ante Vitali Klitcsko y eso no me gusta’’, recalcó Díaz, en referencia a la lesión de rodilla que acabó con los sueños del pesado antillano. “Puedes decir que el próximo año Solís va para arriba y que yo estaré a su lado para verlo convertido en campeón. Si alguien lo duda, que sepa que esa duda será mi mayor estímulo’’.

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