“Diciembre me gustó pa’ que te vayas, que sea mi cruel adiós tu navidad”, dice la letra de una famosa canción mexicana ranchera del inmortal compositor José Alfredo Jiménez, y no sabe usted cuántos y cuánto la repiten inconcientemente durante todo este mes, mientras aprovechan la época y, especialmente, las llamadas fiestas de “intercambio de regalos” para deshacerse de lo que no quieren, solo por regalar algo.
Seguramente que felices cantan: “diciembre me gustó pa’ que te vayas” mientras empacan los regalos que reciclan.
Hablo con conocimiento de causa porque he sido víctima de esos personajes que esconden en lo más recóndito de su ser a un avaro.
¿Qué tal cuando “la amiga secreta” de un intercambio me regaló un tejido de macramé con varios cocos insertados como adorno… y olvidó en el “reciclaje” la tarjeta original que traía: “Va a quedar precioso en tu casa. Tía Hercilia”
Hoy me río de lo que entonces me enojó y que me provocó preguntarme. ¿Tía Hercilia? ¡Si yo no tengo ninguna que se llame así!
¿Y qué del osado personaje que me dio una horrible billetera que dice “Recuerdo de Buenos Aires” ¿Regalar un souvenir de viaje en navidad porque no tenía nada más a mano? Ugggggg. La novia de aquel “Scrooge” de cuento me pidió entonces disculpas porque su novio era alguien que no gastaba en regalos. Aun la conservo para recordar lo que nunca se debe hacer.
No se quiebre la cabeza ni se disculpe por no poder regalar cosas buenas o costosas… los mejores regalos vienen hechos con el cariño y mucho corazón.
Sigo recibiendo, y cada vez más, esos obsequios que gente generosa y con mucho ingenio.
Mi amiga Brenda me manda tostones congelados, que preparo recordándola. Otra amiga me hace uno de mis platillos favoritos: vaca frita… Hay quien me da un billete de lotería, y no falta quien me da un rain check para cuidar un día mis animalitos cuando estoy ausente.
¿Ve usted? Fueron obsequios pensando en uno, no simplemente porque había que hacerlos. ¿En qué lugar está escrito que tiene que usarse la fecha como si fuera camión de la Goodwill para regalar lo que no sirve o no le gusta a uno?
Mejor no regale nada.
Ahora que están tan de moda las bendecidas tarjetas de regalo de casi todos los negocios, no hay excusa para, aunque sean por unos cuantos dólares, dar una de esas para el lunch donde venden hamburguesas, o sándwiches, o para comprar comida en el supermercado. En tiempos de crisis cualquier dinero ayuda para eso, y sobre todo, hace recordar con cariño al que tuvo el ingenio de pensar en uno.
Es la calidad de aquello que damos. Entonces, que sirvan estas líneas para recordarle que regalar no es deshacerse de lo que no nos gusta.
No cante: “diciembre me gustó pa’ que te vayas” que los mejores regalos siempre vienen del corazón.
¡Feliz Navidad!•

























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