Timothy Andrews odiaba el judo.
Después de tener un pequeño problema con la policía cuando tenía 11 años, las autoridades lo colocaron en un programa de reorientación.
Según él, fue un castigo.
Pero Timothy dice ahora que fue lo mejor que le pudo suceder.
No sé lo que hubiera hecho sin el judo, dijo, después de instruir a un grupo de niños pequeños en Riverland Park a estirarse, correr y practicar sus posiciones. Me cambió por completo.
Las cosas no siempre han sido fáciles para Timothy. Uno de cinco hijos, él y sus hermanos crecieron con sus abuelos en Fort Lauderdale. Después sus hermanos se mudaron y él sigue viviendo con los abuelos.
Mudándose de un apartamento de bajos ingresos a otro, Timothy, de 15 años, sabe que ha sido una lucha por su abuela, que trabaja en una tienda de espejuelos y es el único sostén de la familia.
Las cosas se han puesto difíciles, dijo. Es muy duro para ella.
Timothy espera que esta Navidad él y sus abuelos podrán tener una verdadera Navidad en su nueva casa alquilada en Fort Lauderdale.
Recientemente, la familia se enteró de que la casa que habían alquilado estaba en ejecución hipotecaria y que tenían 48 horas para encontrar una nueva vivienda.
Su abuela dijo que, estirando los $1,200 que le costó a la familia a mudarse, queda poco dinero para nada más.
Diane Jackson-Pope dijo que le encantaría poder brindarle una cena de Navidad con pavo, costillas y todos lo demás.
Es un buen chico, dijo. Se merece más.
A Timothy le encantaría ver a sus abuelos obtener ayuda con el alquiler. También le encantaría ver un verdadero árbol de Navidad, en vez del árbol plástico de $2 que su abuela compró, colocado entre unas cajas en la modesta sala.
Hay algo importante en un árbol de verdad, dijo. Es más festivo
A Timothy, que mide casi seis pies de estatura, le vendrían bien unas zapatillas deportivas 11 y algo de ropa. Pero su mayor deseo es un juego de pesas, que le ayudarían a entrenarse y a llegar a su objetivo final, los Juegos Olímpicos.
Cuando está en el colchón de judo, dijo Timothy, todo lo demás desaparece. No se acuerda que no tiene dinero. No piensa en su familia. Se concentra en su oponente.
El judo, dijo, le enseñó a pensar de otra manera.
No tengo tiempo para sentarme o meterme en problemas, dijo.
De pie frente a un grupo de principiantes en el Club de Judo Onikusu, en Fort Lauderdale, Timothy extiende los brazos y cuenta en japonés.
El judo lo ha llevado a lugares que nunca pensó visitar.
A principios de este año fue a Ucrania y representó a Estados Unidos en el campeonato mundial juvenil. También ha viajado a Filadelfia y Michigan para participar en torneos nacionales.
Ghalib Carmichael, su sensei, dijo que Timothy ha recorrido un largo camino desde que llegó al tatami y que tiene un gran potencial para el futuro.
Timothy, que alguna vez fue un chico problemático, se ha convertido en un modelo para otros niños y adolescentes.
Fue una manera de fomentar la fortaleza de carácter, dijo Carmichael.
Cuando Timothy no está en el judo, suele estar en Handy, un programa extracurricular para jóvenes desfavorecidos.
Fue Richard Charlemon, que trabaja con Timothy en Handy, quien lo nominó para Wish Book.
Charlemon dijo que a pesar de la batalla diaria que Timothy tiene que librar, siempre sonríe, y le promete un futuro brillante.
No es el tipo de muchacho que pide un montón de cosas, dijo Charlemon.
Timothy dijo que para él el judo es una metáfora de la vida.
Cuando uno se cae, dijo Timothy, tiene que levantarse y seguir.





























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