El recién nombrado ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España, José Manuel García-Margallo, declaró en el 2000 que había visitado Cuba al menos 11 veces y que el gobierno de la isla no puede mantenerse por la fuerza en el poder para siempre, pero ha aconsejado la colaboración y la paciencia en lugar del enfrentamiento.
Se espera que García-Margallo, nombrado el miércoles por el presidente de gobierno Mariano Rajoy, se centre en asuntos críticos tales como el caos financiero de la Unión Europea y las relaciones con Estados Unidos y con las naciones musulmanas del Mediterráneo.
Pero sus experiencias anteriores con Cuba podrían serle de utilidad para manejar las relaciones entre el gobierno de centro-derecha de Rajoy y la isla. El Partido Popular de Rajoy derrotó al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en las elecciones del mes pasado.
Miguel Angel Moratinos, quien fuera ministro de Relaciones Exteriores bajo el presidente de gobierno y miembro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), José Luis Rodríguez Zapatero, fue destituido a fines del 2010 entre quejas de que era demasiado amistoso con Cuba y con el presidente venezolano Hugo Chávez.
García-Margallo, un abogado de 67 años graduado de la Universidad de Harvard, es conocido en el Parlamento Europeo como un mediador sensato, una cualidad que mostró en el 2000 en la revista madrileña Libertad Digital.
Mientras su entrevistador tildaba a los gobernantes cubanos de dictadores y asesinos, él escogió sus palabras con cuidado al describir su recién terminada oncena visita a Cuba, muchas de ellas al parecer como miembro del panel económico del Parlamento Europeo que lidia con los asuntos cubanos.
García-Margallo dijo que se había reunido tanto con altos funcionarios del gobierno como con importantes disidentes, aunque al gobierno cubano le molesta que nos entrevistemos con los disidentes, les molesta muchísimo.
Al preguntársele cómo se podía reunir con funcionarios del gobierno que eran semejantes canallas, él respondió: La política es el arte de lo posible. Dígame usted, ¿qué otra cosa podemos hacer?
Creo que es bueno que visitemos la isla y que hablemos allí con toda la gente que podamos. El gobierno cubano ha de saber que vigilamos por la suerte que puedan correr los disidentes, señaló.
García-Margallo añadió que no era posible mantener en Cuba un régimen de fuerza de forma permanente, pero agregó que rendirlos por hambre no me parece posible, ni bueno. Buscar un baño de sangre allí no puede ser la solución.
Puedo afirmar con conocimiento que, mientras no se cumplan las previsiones sucesorias, no hay la menor posibilidad de cambio político, añadió.
En el 2000, el gobernante cubano Fidel Castro estaba empezando a adoptar a regañadientes algunas reformas para superar el colapso económico causado por el colapso del bloque soviético y el final de los enormes subsidios de Moscú.
García-Margallo dijo que las inversiones españolas en Cuba, que se estaban expandiendo rápidamente en ese momento, eran algo beneficioso.
Una de las cosas que puede ocurrir, es que si cambia el régimen, se produjese una americanización absoluta, que Cuba entonces se convierta en otro Puerto Rico, declaró. Me parecería lamentable que se perdiese la identidad cubano-española.
Al preguntársele si tenía algunas palabras de esperanza para el pueblo cubano, García-Margallo respondió: Esperar. El entrevistador, Víctor Llano, replicó: Me lo temía.





























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