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WISH BOOK

Al fin en casa nueva, pero vacía

 

Tras varios meses en un albergue, Antonese Dorsin y sus hijos se han asentado en Homestead

mbrannigan@MiamiHerald.com

En una tarde reciente el olor a pollo asado salía de la cocina de la casa Antonese Dorsin en Homestead, mientras la entusiasta cocinera preparaba la cena de sus hijos.

Angel Desone, de 11 años, descansaba en el portal, y varios de sus hermanos se entretenían con un juego de video de un amigo.

Ha sido un duro camino para la familia Dorsin, especialmente para el hijo mayor John Elarant, de 15 años, cuyo padre fue asesinado. Pero ellos están agradecidos de estar juntos, en busca de un nuevo comienzo en una nueva casa.

“Las cosas están mejorando”, dijo John, un estudiante de noveno grado en la secundaria Homestead, mientras sonreía en forma vacilante.

Dorsin, madre soltera y sostén de la familia, dijo que cometió el error de confiarle sus ahorros a alguien que prometió conseguirle un carro, pero que “me limpió”.

Al mismo tiempo, le iba mal su negocio casero de servicio de comidas, y en junio la familia fue desalojada de su casa alquilada en Miami.

Ella y los niños se quedaron unas semanas con un amigo, y cuando la situación se complicó terminaron viviendo dos meses y medio en un refugio en Miami.

“Dormíamos juntos en una habitación pequeña”, dijo Dorsin, de 29 años y madre de cinco niños y una niña. “No era un hogar, pero estoy muy agradecida que me recibieran con mis hijos”.

Entonces, el 5 de noviembre, la familia se mudó a su nueva casa en Homestead. Es una vivienda de cuatro dormitorios y dos baños, sencilla pero cómoda, en Verde Gardens, administrada por un programa del urbanizador Carrefour, que se centra en resolver problemas de desamparo.

Poco después, un grupo del Wish Book, que recibió el mensaje de la solicitud de la familia a través de un trabajador social, se presentó con muebles para la sala y el comedor.

Lo que Dorsin necesita ahora es un par de computadoras para ayudar a sus hijos con las labores escolares, dijo ella. A John le gustaría tener su propia laptop. “Es una de sus fantasías”, dijo su madre.

A la familia también le gustaría un televisor y un reproductor de DVD.

Dorsin, que anteriormente fue cajera de una tintorería, ha estado buscando empleo infructuosamente.

La posición ideal, dijo, incluiría el cocinar, que es su pasión y algo que estudió en la escuela culinaria. “Tengo planes”, dijo. “Quiero abrir un restaurante algún día”.

Ella cocina en varios estilos: “Hago comida haitiana, mexicana e italiana”.

Dorsin ha cocinado en casa para vender, vendiendo comidas completas a $8, $9 o $10 y “si hay una fiesta, algunas veces les hago el servicio de comida”.

Pero conseguir trabajo, de cualquier tipo, se hace difícil. “Ayer fui a una entrevista en el aeropuerto, pero terminé sin el empleo por mi crédito. Mi crédito es pésimo”, dijo.

Dorsin, quien se mudó a Estados Unidos desde Haití con su padre cuando tenía 8 años, dijo que la vida se ha dificultado después que su padre murió hace tres años. Para la familia la pérdida fue muy dura, dijo Dorsin, y gastaron los ahorros en el funeral.

Por otra parte, al padre de John lo mataron a balazos unos años antes, un trauma que persigue al muchacho hasta hoy, dijo su madre.

Pero incluso así, John parece estimulado por la reciente buena fortuna de la familia de vivir en una casa cómoda. Después de la escuela, disfruta tirando al aro de baloncesto en una cancha cercana.

Ajustarse a “la forma en que hacen las cosas” en su nueva escuela ha sido un reto, pero le gustan sus clases militares y sueña con convertirse algún día en “piloto o biólogo marino”.

El Nuevo Herald

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