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Su sueño es ser abogada

 

A los 18 años, Jennie Jean vive por su cuenta, se prepara para ir al college y seguir enviando dinero a su mamá en Haití

dmoskovitz@MiamiHerald.com

En pocas semanas Jennie Jean comienza en la universidad. Tiene 18 años, está terminando la secundaria y debía estar haciendo las cosas normales de una adolescente, como el baile de fin de curso y soñar con las aventuras que le depara el futuro.

Pero busca trabajo para poder seguir enviando dinero a su madre en Haití.

Jean estudia las rutas de los autobuses para asistir a las clases porque no tiene carro.

Dice que algún día ahorrará lo suficiente para comprarse un televisor.

Jennie tiene que mantenerse, y como no estuvo bajo custodia estatal los últimos seis meses antes de cumplir 18 años, no recibe ayuda del gobierno para los adolescentes que llegan a la mayoría de edad.

Jennienine empezó este año en un refugio para desamparados, posteriormente quedó bajo custodia estatal y lo terminará en su propio apartamento, subsidiado a través de Broward Housing Solutions y SOS Children’s Village, una entidad local del Condado Broward. Ella se mudó a su apartamento este mes, con sus pocas pertenencias en una maleta, pocas horas después de terminar otro día de clases en la secundaria Monarch de Coconut Creek.

Ahora planea empezar en el Broward College en enero.

Su pequeño apartamento de una habitación tiene lo esencial: un sofá, una mesita de cocina con sillas, una cama y una lámpara de pie para la sala. La mayoría de estas cosas las consiguió con la ayuda de su trabajadora social de SOS. Tiene una mesita para el televisor pero está vacía

Pero está encantada con el lugar y cuando habla de él lo hace con una gran sonrisa. A los pocos días de mudarse ya lo había limpiado hasta dejarlo impecable, y hasta había envuelto las hornillas en papel de aluminio para mantenerlas limpias.

A Jean no le gusta quejarse. Normalmente extrovertida, al punto que admite que siempre acaba en un debate en sus clases de Gobierno, se mostró tímida cuando una reportera le pidió detalles sobre los muebles, enseres y otros detalles que su nuevo hogar necesita.

Jennienine dijo que lo único que necesita es un trabajo para poder seguir enviando dinero a su madre en Haití. Una tarde de domingo el recibo de la última transferencia a través de Western Union todavía estaba sobre la meseta de la cocina.

“Mientras pueda dormir y comer, todo está bien”, dijo. “Me encanta mantenerme ocupada”.

Jennienine nació en Cabo Haitiano, la menor de tres hermanas. Cuando apenas entraba en la adolescencia, su madre las envió a las tres a Miami en busca de una vida mejor, dijo Jennienine. Se quedaron en casa de un tío, donde estaban apretadas pues él ya tenía su propia familia. Jennie aprendió inglés sola viendo televisión siempre que podía, recordó, con un diccionario al lado para buscar palabras.

En cuanto tuvo suficiente edad, consiguió dos trabajos: cajera en KFC y Target mientras asistía a clases en la secundaria Hollywood Hills y le enviaba el dinero a su mamá, dijo.

“Tengo que cuidar de mi mamá”, se decía a sí misma.

Pero sus relaciones con su tío se hicieron tirantes y decidió maracharse, dijo. Tanto sus hermanas como ella estaban tratando de arreglárselas por sí mismas.

Ella acabó en Covenant House, un refugio para adolescentes de Fort Lauderdale. Se quedó allí siete meses. Cuando tuvo que marcharse del albergue, dijo, también había perdido los dos trabajos.

Durante dos semanas durmió en parques públicos o en la playa. Cuando alguien del Departamento de Niños y Familias (DCF) la encontró, Jennie dijo que no trató de ocultarse. Estaba demasiado cansada y asustada.

El DCF la colocó en SOS Children’s Village en Coconut Creek.

Por primera vez en varios años tenía su propia habitación.

Volvió a matricularse en la secundaria en Monarch.

Podía sacar comida del refrigerador en cualquier momento sin que nadie le gritara.

Se sentía como una princesa.

Jennienine entra al college tres días después de graduarse. Quiere ser abogada, la mejor abogada del mundo, dijo, con su propio bufete.

Pero sigue buscando trabajo. Estar sentada en casa un domingo, hablando con una reportera, no le parece bien. Prefiere estar ocupada.

Recuerda que una de sus hermanas le preguntó una vez si podían sentarse juntas a cenar sin que Jennie leyera los clasificados de empleo al mismo tiempo.

“Me encanta ser independiente”, dijo. Enseguida añadió: “Me encanta ayudar a mi mamá”.

El Nuevo Herald

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