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Miami City Ballet: estreno mundial de ‘Víscera’

 

Especial/El Nuevo Herald

Hay grandes expectativas para el segundo programa del Miami City Ballet, este fin de semana en el Arsht Center, con la premiere mundial de un coreógrafo que está siendo aclamado en Europa como uno de los nuevos genios del ballet, Liam Scarlett, de sólo 25 años de edad.

El artista inglés aceptó la invitación del director del MCB, Edward Villella, a crear una pieza para sus bailarines, su primer trabajo en Estados Unidos, y en agosto del 2010 vino a ensayarla. Scarlett se ha destacado como el más joven coreógrafo del Royal Ballet en Londres, quien le encargó a sus 24 años el ballet Asphodel Meadows, con gran éxito crítico.

El programa cuenta también con piezas muy aclamadas del repertorio: In the Night, de Jerome Robbins, con tres bellísimos pas de deux, y música de Chopin al piano, y Ballet imperial, una obra maestra de Balanchine en honor al padre del ballet clásico, Petipa, y a Chaicovsky, el mayor compositor de su época.

Con la música del Concierto de piano número uno, del reconocido compositor americano Lowell Liebermann, luces de John Hall y trajes del propio coreógrafo, Scarlett decidió titular su obra Viscera en inglés, y autorizó a El Nuevo Herald para traducirlo como “Visceral” (vocablo más poético en nuestro idioma). Encontrarle título fue una lucha para el coreógrafo. “Los títulos me ponen muy nervioso, porque crean expectativas y distraen de la concentración en el ballet”, confiesa el coreógrafo. “Quise encontrar una palabra que encapsulara todo”.

La característica principal de la obra es la energía. “Es una pieza muy atlética, muy física, y la música también, incluso en el adagio”, anota Scarlett. Antes, cuando vino al MCB en el verano, él comentaba que su obra estaba anclada a la tierra. “Es atléticamente enraizada”, califica, “pero es que la música también lo es. Es una pieza muy exigente, un reto. Yo quería unir las dos cosas”.

Una de las figuras del pas de deux es como la de un estibador de los muelles cargando una gran escultura. “Es un Atlas con el mundo a cuestas”, rectifica Scarlett, basado en una inspiración mitológica más clásica. Y del mundo clásico del ballet surgen los pasos, explica él, aunque son obviamente contemporáneos. “Los recreo a mi modo de ver las cosas, pero yo vengo del entrenamiento clásico”, acota.

Esa figura mantiene la fuerza, es una forma de poder, explica Scarlett, y está muy dirigida por la bailarina. Es una dominación de ambos, con un régimen muy potente, en medio de movimientos físicos y muy rápidos. “Lo más destacado del ballet es ese contrapunteo entre el hombre y la mujer en el pas de deux ”, opina Scarlett.

Sin embargo, no piensa en imágenes al crear. “Lo que estoy pensando es en un fluir lógico, un continuo, como un arco desde el principio hasta el final”, comenta, “luego regreso a la pieza y hago las puntuaciones, pero siempre queda un sentido de movimiento, no como un rompecabezas, sino como una sola frase de principio a fin”.

olconnor@bellsouth.net
El Nuevo Herald

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