Ningún recurso queda descartado para el cubano Osmín Hernández cuando se trata de sobrevivir. Eso lo aprendió desde niño y le permitió salir airoso de su odisea. Ahora toda esa experiencia la aplica como preparador físico en las calles Miami, donde aplica se filosofía de el mundo es un gimnasio.
Gracias a la singularidad de su trabajo, Osmín dedica gran parte de su tiempo a hacer una serie de producciones para revistas, programas de televisión, You Tube y cualquier oportunidad emocionante que se le presente.
Mi labor es enseñar el cuidado físico y emocional , afirmó Hernández, nacido en La Habana hace 40 años. A través se eso, la gente se siente mejor, vive mejor y como consecuencia de ello llegan también muchas recompensas, incluyendo la económica.
Una prueba de ello es la propia historia de Hernández, quien ha sido preparador físico de estrellas como Anna Kournikova, Jean Claude van Damme, Steven Bauer, Gloria y Emilio Estefan, entre otras personalidades, y ha andado mucho tiempo por el Hollywood de Los Angeles, condeándose y preparándose con artistas.
Aquello está muy lejos del joven que huyó de Cuba en una balsa para evitar la cárcel.
De nino había sufrido mucho con problemas asmáticos. Entonces vivía en Guanabacoa. Por propia iniciativa empezó a correr en la playa, a perseguir a las guaguas y a hacer cualquier actividad física que lo ayudara a superar sus limitaciones.
De pronto se me quitó el asma y yo vi en ello un mensaje de Dios, dijo Hernández. A partir de entonces mi vida cambió.
A los 13 años se convirtió en campeón de kayak. Luego se convirtió en un peleador callejero.
Yo tenía unas 20 peleas al mes, confesó Hernández. Llegó un momento en que decidí que tenía que dar alguna utilidad a esa agresividad.
Se enroló a la marina de guerra de Cuba a los 16 años de edad.
Fui uno de los mejores de mi pelotón pero llegó un día que quise salirme de ahí y entonces empezaron los problemas, aseguró. Me dijeron que si me salía iría preso.
Lo detuvieron y enviaron a la prisión de Ganuza.
Ahí sólo me quedó hacerme el loco para salir de ahí, comentó. Me entraron a golpes, me llevaron al hospital, no comía y cada vez mi comportamiento se hacía más extraño, hasta que un día me tiraron a la playa de Marianao.
La cosa no quedó ahí, y lo persiguieron, hasta que el 14 de abril de 1991 se montó en una balsa y se lanzó a la aventura.
Llegó a Miami y empezó a aplicar todo lo que le había enseñado la vida para mantenerse a flote. En el sur de la Forida también descubrió la manera de ganarse la vida: ayudar a cuidar el cuerpo y la mente.



























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