El ascenso del ala militar del chavismo en Venezuela, que salió airoso en su lucha contra la vertiente civil y más ideológicamente pura del movimiento, sella la suerte de la revolución bolivariana con la de militares presuntamente implicados en actividades de corrupción y narcotráfico, en lo que ensombrece los prospectos de una salida democrática al régimen de Hugo Chávez, dijeron analistas.
Expertos consultados por El Nuevo Herald dijeron que el nombramiento del diputado oficialista Diosdado Cabello como presidente de la Asamblea Nacional, y del general Henry Rangel Silva como ministro de Defensa, son señales de que el chavismo no pretende desprenderse del poder, incluso si la oposición sale victoriosa en los comicios presidenciales de octubre.
Estos nombramientos de hardliners [hombres de línea dura] [ ] es una forma de blindar el poder bolivariano, declaró desde Palm Beach Luis Fleischman, profesor adjunto de Sociología y Ciencias Políticas del Wilkes Honor College de Florida Atlantic University.
Es una forma de asegurar la continuidad de la revolución, incluso post mortem en caso de que Chávez [a quien se le diagnosticó cáncer] muera, pero también en el caso de que no muera. Es una maniobra para perpetuar lo que él llama su revolución, añadió.
También es una maniobra que coloca al movimiento en manos de una facción del chavismo altamente cuestionada.
Cabello ha sido mencionado en los cables del Departamento de Estado divulgados por WikiLeaks como uno de los principales polos de corrupción en Venezuela; mientras que Rangel Silva ha sido acusado por Estados Unidos de participar en el tráfico de drogas y de mantener vínculos con la guerrilla colombiana de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el narcotráfico.
Cabello, un teniente retirado que participó en la intentona golpista de Chávez en 1992, ejerce influencia sobre un importante número de oficiales dentro de las Fuerzas Armadas, a muchos de los cuales protegió y benefició con cargos y negocios durante su larga incursión en el gobierno.
De hecho, Cabello había sido separado del poder, en medio de las acusaciones lanzadas por el ala civil , compuesta por los elementos más ortodoxos del socialismo bolivariano, de que había acumulado demasiado dinero y poder bajo la sombra de la revolución.
Su retorno al centro de la política chavista, pese a las objeciones del ala civil del movimiento y del propio mandatario, quien lo había dejado de lado e incluso humillado públicamente, es visto más como un acto de necesidad que de afecto.
El [Chávez] no confía en Diosdado Cabello. El hecho de que él esté allí en este momento significa que Hugo Chávez se ha resignado a que su sucesor eventual sea alguien de ese tipo, comentó el analista venezolano Gustavo Coronel.
Diosdado allí significa un debilitamiento de la revolución. Es una señal de que la revolución ya no existe, y que lo que existe ahora es un intento de sobrevivencia política a la tradicional, sostuvo.
Vanessa Neumann, investigadora principal del Foreign Policy Research Institute, en Nueva York, coincidió.





























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