La empleada que aseaba el baño de la tienda por departamentos prácticamente se estaba forrando la mano con decenas de hojas de las servilletas de papel para secar superficies. Secaba un poco de agua de los lavamanos y botaba aquel mundo de papel desperdiciado… y volvía a enrollarse en las manos con más servilletas para seguir su tarea.
No pude más y le expliqué que uno o dos pedazos bastaban para absorber el agua. Volteó a verme como si yo fuera una marciana recién llegada a la tierra...
“¿Usted las compra?”
Su ironía me sacó de quicio y calmadamente le respondí:
“No, por supuesto que no las compro, pero quiero decirle que semejante desperdicio no solo le causa pérdidas al negocio donde usted trabaja, sino que cada rollo de papel mata árboles, y usted tan feliz y sin pensar en hacer algo por mejorar el planeta”.
No me respondió nada y se fue rápidamente de aquel baño.
No soy de un grupo ambientalista ni mucho menos. Pero me pasó algo más que quiero contarles. Hace unos días, viajando por las carreteras de Alabama, delante de nuestro auto iban camiones y más camiones cargados con troncos de árboles recién talados.
El camarógrafo Andrés Sánchez, quien ya es un experto de este estado por la cantidad de veces que hemos ido en los últimos meses, vio mi cara de tristeza.
“Ahí tiene usted las hojas de papel y tantas cosas más que desperdiciamos matándolos”.
¿De qué sirve que digamos que somos “verdes” por lo ecológico si en verdad hacemos todo lo contrario?”
Que razón tenía Andrés, porque en realidad me doy cuenta de la doble moral con la que vivimos recomendando cosas que no hacemos.
Pero el desperdicio de papel no va solo.
Me he cansado de ver en los hoteles la petición para ayudar a la naturaleza con el agua y el uso del detergente utilizando las mismas toallas y sábanas. Si quiere toallas frescas ponga la tarjeta aquí. Si quiere ser “verde” y cooperar, póngala allá y cuelgue las toallas en el perchero.
¿Qué sucede? Que al regresar cada noche, tengo toallas limpias. Pienso que me equivoqué en poner la tarjeta y así he cargado un complejo de culpa por no ayudar a la ecología… Pero ¡qué va!, al final de muchos meses me he dado cuenta de que no soy yo… sino los empleados que no ponen en práctica lo que pidela administración.
Entonces, ¿Qué hacer? No imprima innecesariamente cosas de la computadora. Recicle su papel utilizando la parte trasera para notas. Compre papel reciclado, utilice pocas servilletas desechables, y rehúselas poniéndolas a secar. Al lavarse los dientes no deje la llave abierta.
Y no tema parecer una pregonera de lo “verde” cuando muchos cierran los ojos.
Siempre, hacer algo será mejor que no hacer nada. ¿No cree usted?•

























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