“Panamá tuvo el mayor crecimiento económico de América Latina el año pasado, y la tasa de desempleo más baja de la región, de 4.5 por ciento”, dijo De Lima. “Somos aún más optimistas que el Banco Mundial para el 2012”.
Cuando le pregunté por la creciente polarización política, De Lima me dijo que “cuando tú no tienes los problemas económicos estructurales de otros países, como un alto desempleo, los problemas pequeños se sobredimensionan. Eso es lo que creo que está pasando”.
Mi opinión: Probablemente hay elementos de verdad en lo que dicen ambas partes, pero algunas de las cosas que están ocurriendo en Panamá justifican la preocupación.
Panamá es una economía de servicios que depende en gran medida del Canal de Panamá, y de los sectores financiero, naviero y de la zona de libre comercio, todos los cuales requerirán de credibilidad internacional y un buen sistema educativo para crecer en los próximos años. Y Panamá no está avanzando en ninguno de estos dos frentes.
Sin una clara división de poderes que garantice el estado de derecho no habrá confianza, y se harán menos inversiones. Y con malas políticas educativas —como la pésima decisión reciente del gobierno de no participar en las pruebas internacionales PISA de estudiantes de 15 años, que le da a los países un diagnóstico comparativo de su situación educativa— el país no tendrá una clase profesional capaz de competir eficazmente en una economía de servicios global.
Todavía hay tiempo. Martinelli puede demostrarle a sus críticos que están exagerando, y que Panamá va rumbo a un largo período de democracia y prosperidad. Pero si no escucha algunas de las críticas que se le están haciendo, convertirá al país en una republica bananera, y arruinará una de las historias de éxito económico más promisorias del continente.
Twitter: @oppenheimera



























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