Como cualquier pelotero cubano, Román Hernández Jorrín conoció a Yoennis Céspedes entre juegos de la Serie Nacional antillana y por eso le desea mucha suerte, pero sobre todo, una rápida resolución de su futuro.
La sombra de Céspedes planea sobre los casi 150 jugadores de la isla que se encuentran en la República Dominicana y muchos equipos están expectantes para ver cómo se desenvuelve la situación de la preciada pieza en el mercado antes de virar su atención al resto de sus compatriotas.
Me han dicho que existe mucho interés en mí, pero que quieren esperar a ver lo que sucede con Céspedes en los próximos días, expresó el jugador vía telefónica desde Quisqueya. Así que no puedo menos que desearle lo mejor del mundo y que firme lo antes posible. Creo que ese es el sentir de todos los peloteros que venimos de allá.
De allá, de Cuba, salió a fines de julio del año pasado el joven de Jovellanos para llegar el 2 de agosto, luego de una trayectoria difícil en alta mar, a Quisqueya. Todavía Hernández toma aliento antes de recordar los mareos, los vómitos, la embarcación pequeña y el oleaje incansable que le acompañó de principio a fin.
Pero lo que más le oprimía el pecho fue la decisión de dejar atrás a su pequeño hijo Jonathan.
Esa decisión tiene que tomarla uno y hacerse responsable de ella pase lo que pase, explicó Hernández, que militaba con los conjuntos de Matanzas. No es fácil dejar a un hijo atrás. Sólo la fe de que se hace en bien de ese hijo mitiga un poco el dolor de la separación. Sólo espero que el tiempo justifique mis acciones.
Establecido como uno de los jóvenes de mayor proyección y con un paso brillante por las categorías inferiores y juveniles, Hernández participó en tres Series Nacionales, en la número 48 conectó para .315 con 37 carreras impulsadas en 54 choques y en la 49 promedió .299 con ocho jonrones y 39 remolcadas.
Sin embargo, en medio de todo ese ascenso Hernández que en su patria veneraba a Omar Linares y de afuera admiraba a Albert Pujols- venía alimentando una ilusión secreta.
Tengo un amigo, cuyo nombre no quiero decir, que podía acceder a la información sobre las Grandes Ligas, recordó el joven, de 24 años. El me enseñaba estadísticas, me mostraba videos de juegos y yo me enamoré del mejor béisbol del mundo. Me dije a mí mismo que algún día haría todo lo posible por ser parte de ese mundo tan lejano y prohibido para la mayoría de los cubanos.
Al principio en Dominicana Hernández se sintió un poco solo, medio perdido, como le suele suceder a muchos de sus compatriotas que llegan sin las credenciales de un Céspedes o un Alexei Ramírez, peloteros que han triunfado en la arena internacional y son más seguidos por los cazadores de talento.
Por suerte, un amigo común lo puso en contacto con el abogado Mario Serralta, quien buscaba penetrar el segmento de los peloteros cubanos como agente y todo comenzó a cambiar para el jugador. Una demostración de habilidades efectuada en noviembre pasado dejó muy impresionados a los evaluadores y varios equipos entre ellos los Marlins y los Yankees- han mostrado interés en desarrollar algún tipo de relación.
Román es un pelotero de cinco herramientas y los reportes de los scouts son todos positivos, apuntó Serralta, quien radica en Miami y ya logró la agencia libre para su cliente. Y no se trata sólo de un jugador talentoso, que juega todos los jardines, sino de un excelente ser humano, que merece triunfar. Los próximos días serán muy importantes para su futuro.
Ahora sólo queda esperar por el desenlace de Céspedes. Por el bien de los dos.



























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