El anunciado cierre de una refinería de crudo en las Islas Vírgenes golpeará las operaciones de la estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), empresa que pierde un importante cliente para su crudo pesado de difícil colocación y un importante proveedor de componentes para la gasolina que se consume dentro del país, dijeron analistas.
Los expertos agregaron que el cierre de la refinería - una de las 10 mayores del mundo - también podría impactar el flujo de caja de la compañía estatal, ya que el complejo, donde PDVSA tiene una participación de 50 por ciento, es uno de los clientes que mejor paga por el crudo venezolano.
“Es un cliente muy importante para Venezuela”, dijo el ex gerente de la estatal petrolera Horacio Medina. “Es uno de los lugares donde mes a mes estaban enviado cantidades importantes [de crudo]”.
La refinería, operada por la empresa mixta Hovensa, tiene capacidad para procesar 495,000 barriles diarios, 248,000 de los cuales eran suministrados por PDVSA.
Hovensa, perteneciente a la estadounidense Hess Corp. y a PDVSA, anunció esta semana que cerrará la refinería en un mes tras acumular pérdidas por $1,300 millones en los últimos tres años.
Hovensa indicó que la compañía había perdido su rentabilidad debido a la desaceleración económica mundial y a la fuerte competencia provenientes de una serie de nuevas instalaciones construidas en los mercados emergentes.
Jorge Piñón, analista del mercado petrolero, explicó en Miami que la refinería de Saint Croix también enfrentaba dificultades para competir con las refinerías estadounidenses debido a que utiliza el propio petróleo como combustible para sus instalaciones.
“Las refinerías estadounidenses usan gas natural, que está en uno de los precios más bajos de su historia”, dijo Piñón.
De manera que el cierre tiene mucho sentido para Hess, empresa que se estaba desangrando con las sostenidas pérdidas de la operación.
Pero la situación es diferente para PDVSA, dijeron analistas al calificar el cierre de la refinería como un error estratégico.
“Si yo me veo solamente como un refinador, entonces obviamente la decisión es la correcta; hay que cerrar la refinería. Pero si yo me veo también como un productor, me estás quitando 300,000 barriles de producción, que ahora yo tengo que buscar donde meter”, comentó Juan Fernández, ex Gerente de Planificación de PDVSA.
El problema es que el pesado crudo venezolano es difícil de colocar en una red mundial de refinerías concebida principalmente para procesar crudo liviano. Para Venezuela hubiera sido más conveniente llegar a un arreglo financiero con la refinería para que dejara de operar en déficit.
El costo de ese arreglo que podría estar por debajo de los $4 por barril, una pequeña fracción de los más de $100 por barril que cobra actualmente, sería muy inferior al costo de perder acceso a un mercado que le generaba ingresos de más de $9,000 millones al año.
Precisamente habían sido las dificultades para colocar su crudo pesado y extrapesado en los mercados internacionales lo que había llevado a PDVSA a invertir agresivamente en la industria de refinación, comprando participaciones en refinerías y modificándolas para que estuviesen en condiciones de procesar el viscoso petróleo venezolano.





























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