Miami ha dejado de ser el balneario adonde venían a solearse los vecinos del norte de la nación y las acaudaladas familias del sur del continente americano. Tampoco es el antiguo pueblo sureño de la Florida adonde solían escaparse de compras, mientras disfrutaban de un relajado ambiente, las damas bien, los dandis y los políticos de los países vecinos. Para gusto de muchos y disgusto de unos pocos, hoy Miami es una importante ciudad, que está al borde de ser catalogada como una gran Metrópolis.
El avance de la ciudad en los últimos cincuenta años ha sido escalofriante, y colijo que va a ser aún mayor, luego de que la industria turística, con el advenimiento de los grandes casinos, megahoteles, restaurantes fastuosos, tiendas de lujo y demás ofertas para atraer el turismo de los acaudalados de todo el planeta, esté plenamente establecida en la ciudad; pues esto conllevaría al surgimiento de una industria local de apoyo y servicio a todo este proyecto, y por consiguiente, a la creación de más empleos y a una asombrosa cantidad de dinero circulante en esta ciudad.
Del Miami que yo conocí a la gran ciudad que hoy es existe gran diferencia.
Antes, viajar a la ciudad de Homestead era una odisea que ocupaba todo un día. Hialeah era la ciudad industrial del noroeste del condado -en franco proceso de urbanización- de la cual escapaban los americanos blancos, espantados por la invasión de emigrantes de habla hispana que sufría la ciudad.
De Miami Lakes, Kendall, Sweetwater, North Miami, ni qué decir. Visitar una de estas ciudades era el equivalente a una excursión de fin de semana, pues prácticamente la ciudad de Miami se extendía hasta Le Jeune Road, o sea, la Avenida 42, al oeste. Luego estaba el aeropuerto, que se había construido en las afueras de la ciudad. Hacia el norte la calle 36 del NW marcaba el límite; extendiéndose la ciudad hasta el mar, si se viajaba hacia el sur o hacia el este.
Una casa de bloques, construida en los años cincuenta, con tres dormitorios, dos baños y de aproximadamente 1,200 pies cuadrados de fabricación, en un lote de terreno de 7,500 pies cuadrados, costaba aproximadamente $12,000. Y el desempleo, y los letreros de “No negros, no hispanos, no perros, ni cubanos”, abundaban en los negocios y las casas para alquilar. Sin embargo, cuando hoy se habla de crecimiento y desarrollo de una ciudad, y del famoso “crisol de razas norteamericano”, hay que hablar de Miami, en primer término.
Mi padre solía decir: “No existe peor ciego que aquel que no quiere ver”. Los puritanos hablan de evitar el establecimiento de megacasinos, en nombre de la estabilidad y la pureza de la ciudad, y entonces… ¿Qué con el juego en los casinos Seminole y Micosukee, el Magic City Casino, el Frontón Jai-Alai, el hipódromo de Calder y el de Hialeah?
Miami seguirá avanzando muy a pesar de la oposición de elitistas, puritanos, extremistas y de todo aquel que pretenda frenar su desarrollo.
J. A. “Tony” Ruano es autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración.” tony@ruanobrokers.com



























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