He leído en la prensa sobre la todavía famosa discusión sobre el derecho de orar en las escuelas públicas. No puedo entender que la Liga Antidifamación pueda maltratar mi derecho a expresar palabras, ideas y pensamientos que da la Constitución.
Lo único que me resta decir es que después que hemos apoyado sacar a Dios de nuestras escuelas, de nuestros hogares y de nuestra vida cotidiana, la violencia está a la orden del día y deberíamos unirnos en grupos de oraciones, porque nos queda muy poco para ver guerras callejeras como en países de Centro y Sudamérica.
Esther Almeida-Díaz
Miami



























Mi Yahoo