Después de pasar los 36 días más difíciles de su vida, Antonio Sano no encontró palabras para decirle a su esposa, María Cristina, lo mucho que la había extrañado y lo mucho que deseaba verla y decirle que al fin estaba libre. “Pero no me salió la voz”, recordó.
Sano vivía los primeros momentos de libertad luego de una travesía en la que creyó verle el rostro a la muerte y que, pese a lo pavoroso de la experiencia, se ha vuelto casi una costumbre en su país, Venezuela.
El entrenador de caballos de carrera más exitoso de su país pasó 36 días --los primeros 15 de ellos con los ojos vendados-- secuestrado, la segunda ocasión que le sucedía en el 2009.
El secuestro, y su espeluznante hermano menor, el secuestro express, se ha convertido en un lotería del terror en Venezuela. De acuerdo con cifras oficiales, en el 2010 hubo 750 en todo el país, aunque otras fuentes, como el criminólogo Fermín Mármol García, consideran que el número es mucho mayor. “Alcanzarían unos 3,000 al año”, según declaraciones ofrecidas a BBC Mundo.
“Uno siempre cree que eso no le va a pasar. Ojalá no le pase a nadie. Fue muy desagradable. Me encadenaron en un cuarto de 1.40 por 1.80 [metros]. Llegué a pensar que me matarían. Veía que el tiempo pasaba y no veía nada concreto”. evocó Sano. “Considero que estoy vivo gracias a mi familia. Ellos fueron los que me dieron fuerza para salir de esos 36 días indescriptibles”.
De acuerdo con versiones extraoficiales, Sano fue liberado tras un pago, sin embargo, no quiso confirmarlo. “De eso prefiero no hablar”, dijo a El Nuevo Herald.
María Cristina tenía alrededor de cinco años pidiéndole a su esposo evaluar la posibilidad de abandonar el país donde habían nacido sus tres hijos, y en el que experimentó un éxito sin par como entrenador de caballos. Pero luego de esta segunda escaramuza con la irrefrenable delincuencia venezolana, entendió que ya no tenía más futuro en su patria.
“Yo todo lo que tengo se lo debo a mi país. Yo amo mi país, pero yo Venezuela no la piso nunca más”, enfatizó.
Sano tomó el mismo derrotero que muchos de sus compatriotas y apenas unos meses después, en diciembre del 2009, se estaba mudando para el sur de Florida. Atrás dejó a sus padres y su vida, y de ser el entrenador de purasangres más exitoso en Venezuela y ganador de 18 estadísticas al hilo en el hipódromo de Valencia se convirtió apenas en un recuerdo.
En Miami empezó desde cero.
“Fue muy difícil, de tener 160 caballos a no tener ninguno acá”, acotó.
Con el apoyo de algunos compatriotas ya establecidos en el sur de Florida, empezó a dar sus primeros pasos en el hipódromo de Calder. Las notables diferencias entre la industria de los purasangres en Venezuela y la de Estados Unidos las subsanó gracias a su dilatada experiencia y su incondicional amor a una industria que lleva en su ADN y que conoce desde que era niño.
Cuatro meses después de su arribo, el 3 de abril del 2010, logró su primer hito.





























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