Por sus títulos, algunos de los libros de Enrique Ros parecen ser biografías. Pero no lo son; al menos, en un sentido convencional. El más reciente de ellos, Vicente García, el incomprendido Mayor General cubano, es un ejemplo de ello. Y es que no comienza, como las biografías al uso, con el nacimiento y la infancia del biografiado, sino en un momento esencial de su trayectoria como personaje histórico. En este caso, la participación de Vicente García en la reunión convocada por el Comité Revolucionario de Bayamo, que se celebró el 4 de agosto de 1868 en la finca San Miguel del Rompe, en la región de Las Tunas, y en la cual se discutiría la fecha del levantamiento armado.
A esa reunión, conocida como Convención de Tirsán, le siguieron otras en las que por distintas razones se seguía aplazando la fecha para comenzar las operaciones. Hasta llegar a la del 6 de octubre en la hacienda El Rosario, en la que se decide que si alguno de los conspiradores se viera obligado, por alguna causa imprevista, a levantarse en armas, el resto de los conjurados lo respaldaría. Esa “causa imprevista”, como se sabe, fue el telegrama del gobierno español donde se ordenaba, -en clave- la detención de Francisco Vicente Aguilera, Perucho Figueredo, Carlos Manuel de Céspedes y algunos otros patriotas. Tres días después, el 10 de octubre de 1868, en el ingenio La Demajagua, se proclamaba la libertad de Cuba. Había comenzado la Guerra de los Diez Años.
En los siguientes capítulos, Ros va relatando todo el proceso político y militar de aquel épico decenio, así como la participación de Vicente García en el mismo. Es decir, una mezcla de perfil biográfico, relato histórico y ensayo académico. Y lo hace partiendo de las primeras batallas de Las Tunas y La Cuava, hasta la destitución de Céspedes como presidente de la República en Armas y las sediciones de Lagunas de Varona y de Santa Rita, de las que fue responsabilizado Vicente García y que comprometieron su reputación y prestigio hasta el momento de su muerte en Venezuela.
El 26 de abril de 1875 las tropas del mayor general Vicente García se sublevaron en las ruinas del ingenio azucarero Lagunas de Varona, en Las Tunas, provocando que las fuerzas orientales que debían avanzar hacia Las Villas para fortalecer el contingente invasor de Máximo Gómez, se sumaran a García en lugar de apoyar al Generalísimo. Dos años más tarde, algunos de sus oficiales volvieron a insubordinarse, esta vez en Santa Rita, exigiendo la separación de Las Tunas del 2do Cuerpo de Camagüey y el nombramiento de Vicente García como general en jefe del Ejército Libertador de Cuba. Son estos dos hechos, debatidos largamente por los historiadores cubanos de todas las épocas, los que Enrique Ros analiza a profundidad en un esfuerzo por esclarecer las causas que los originaron y mostrar al Mayor General en un plano más humano, sin ocultar defectos ni exagerar virtudes. Una tarea difícil si se tiene en cuenta la complejidad de ese período histórico, los numerosos personajes que participaron y la cantidad de versiones y puntos de vista con relación a ambas acciones. Lo cierto es que aun después de la reunión de Máximo Gómez con García en Camagüey, en la que se acordó la renuncia de Cisneros como presidente y la formación de un gobierno provisional, las causas que provocaron la sedición de Lagunas de Varona permanecieron latentes, entre ellas las pugnas políticas y el regionalismo reinante en todas las filas.
Enrique Ros finaliza señalando la forma elogiosa en la que Martí se refirió a Vicente García en un artículo aparecido en el periódico Patria el 21 de enero de 1892 y que, de alguna manera, resume la intención del libro: incorporar al Mayor General Vicente García “a la lista de honor” de los héroes de la patria y rescatar para la historia su vilipendiada memoria. •



























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