SAO PAULO -- Dilma Rousseff llega a Cuba el lunes en su primera visita como presidenta de Brasil, y enfrenta presiones para adoptar una postura más fuerte y más pública sobre las violaciones de los derechos humanos que continúan bajo el gobierno cubano.
Rousseff se reunirá con Raúl Castro el martes.
La bloguera cubana Yoani Sánchez, crítica del gobierno, trató de encontrarse con Rousseff. Trató de compararse a sí misma con la líder de Brasil, cuando Rousseff era una joven guerrillera marxista encarcelada y torturada por la dictadura militar de Brasil.
Sánchez dijo al diario brasileño Folha de Sao Paulo que, después de ver recientemente una foto de Rousseff a los 22 años de edad, siendo interrogada por un tribunal militar durante la dictadura de Brasil, se sintió conmovida. Así es como me siento en este momento, dijo Sánchez.
Grupos disidentes cubanos como las Damas de Blanco también han solicitado reuniones con la líder de Brasil.
La administración de Rousseff ha enviado una señal de que es favorable a algunas de estas preocupaciones. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil emitió una visa de turista la semana pasada a Sánchez para viajar a Brasil, el próximo mes, para asistir a la presentación de un documental en el norteño estado de Bahía.
Sánchez, sin embargo, necesita primero de la autorización del gobierno para salir de Cuba. Rousseff no tiene la intención de presionar a Castro en favor de Sánchez, ni tiene previsto reunirse con Sánchez y otros miembros de grupos de la oposición. El enfoque del viaje es las relaciones económicas.
El comercio bilateral entre Brasil y Cuba alcanzó un récord de $642 millones en el 2011, un aumento de 31 por ciento desde el 2010.
La empresa brasileña Odebrecht está trabajando en la construcción del puerto de Mariel, en Cuba, y el banco brasileño de desarrollo lo está financiando.
Esperamos que ella esté interesada no sólo en el estado de la construcción del puerto de Mariel, sino en el estado de la construcción de los derechos de los ciudadanos en Cuba, dijo Sánchez.
Aunque aplauden algunas de las primeras medidas de Rousseff, a muchos activistas de los países en desarrollo les gustaría ver un mayor liderazgo de Brasil en materia de derechos humanos. Van desde activistas iraníes por la democracia en su país hasta disidentes birmanos que están tratando de apelar a Brasil y a la historia personal de Rousseff.
Por ejemplo, Hadi Ghaemi, director ejecutivo de la Campaña Internacional por los Derechos Humanos en Irán, visitó Brasilia en febrero pasado para presionar por el apoyo a una resolución en el Consejo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas de Ginebra, en marzo pasado, para crear un relator especial que investigue los abusos contra los derechos humanos en Irán.
Dijo que fue muy bien recibido por funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores y un asesor de política exterior de Rousseff , Marco Aurelio García. Brasil terminó apoyando la resolución.
Otro activista que mira hacia Brasil es Thaung Htun, el representante del Gobierno de Coalición Nacional de la Unión de Birmania ante la ONU. También visitó Brasilia y se reunió con funcionarios el año pasado.





























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