Muy pocos piensan en Cuba que la visita de Benedicto XVI es un espaldarazo al fidelismo. Ni aun los adeptos al régimen. Recuérdese que el Papa ejerce como padre espiritual de toda la humanidad, aunque siendo él mismo, claro está, humano. El padre común no desprecia a ningún hijo que lo invita o lo acepta. Eso estaría contra todo sentimiento y deber. Los papas visitan también países de mayorías animistas, musulmanes y de otros credos, además de los de mayoría cristiana, católicos o no.
Tampoco olvidemos que, al final, Fidel y Raúl Castro son cristianos bautizados y la Iglesia siempre espera por el arrepentimiento de todos sus hijos. Terrenalmente, el Papa sólo ejercita una muy limitada función.
A preguntas aclaratorias, el propio cardenal habanero ha dicho que desearía que hubiera varios partidos de oposición, pero que la Iglesia no es ese partido. Y, por extraño que parezca, sépase que la Iglesia tiene hijos en ambas lados del espectro.
Ella –la Iglesia– media, asiste y consuela mientras insta a gobiernos a respetar los derechos humanos y la verdad. ¿Lo demás? Pues lo demás será obra de Dios, del destino, como cada uno prefiera llamarlo.
¿Nuestro papel de exiliados católicos mientras tanto? Hacer todo lo posible pero, sobre todo, orar mucho.
Señor, salva a Cuba que solos no podemos.
Efraín R. Infante
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