A la hora de buscar los culpables de la crítica situación venezolana, yo encabezo la lista.
Yo formo parte de una gran cantidad de venezolanos que hemos optado por residenciarnos en el extranjero. Como yo, miles de otrora jóvenes de la generación nacida en la década del 60, en pleno albor de nuestra democracia, salimos del país en procura de estudios o de un mejor porvenir. Muchos optaron por quedarse en el extranjero debido a la ausencia de condiciones propicias para su desarrollo. Luego, fuimos otros tantos los que, agobiados por el deterioro de la calidad de la vida en Venezuela, salimos a buscar un mejor porvenir fuera de sus fronteras.
Así fue como Venezuela perdió su mayor capital: Su gente.
Ante la ausencia de una generación de relevo, estudiada y preparada, los menos capaces tomaron por asalto al país, apoderándose de los vacantes puestos de liderazgo. Comenzando con el mismísimo Chávez, quien de ser un fracasado coronel golpista en el presidio, llega a la presidencia de Venezuela por aclamación popular.
La revolución bolivariana de Chávez fue posible, en gran medida, a la ausencia de los miles de venezolanos que abandonamos al país dejándolo indefenso ante el ataque del chavismo.
Ahora, no podemos pretender arreglar al país a control remoto, desde la comodidad de nuestro autoimpuesto exilio. Ya es demasiado tarde. Le corresponderá a otras generaciones el recobrar el país de las garras de Chávez y sus secuaces. Mi generación, simplemente, perdió el juego por forfait.
Mi generación quedará inscrita en la historia venezolana como la gran ausente, la de aquellos que optamos por dejar a nuestro país en manos de los incapaces.
Eduardo Montalvo
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