Renato Lherisson es ciudadano de EEUU, residente de Florida, pero como sus padres haitianos no tienen estatus legal el Miami Dade College quiere cobrarle el costo completo de la educación, en lugar de las tasas que pagan los floridanos. En Florida el costo de la educación universitaria para los menores de 18 años depende del estatuto migratorio de los padres.
Jessica Fuentes ha vivido en Homestead 22 de sus 23 años, pero como nació en México y su madre cruzó con ella la frontera sin papeles no puede continuar estudiando porque no tiene estatus migratorio, a pesar de que fue la “validectorian” (la primera de su clase) en high school.
Mario Almanza se pasa la vida entrando y saliendo de prisión, tiene más de 20 convicciones por felonías y su último arresto fue por amenazar a su propio hijo con un cuchillo. Mario es cubano y no hay forma de deportarlo.
Estos son sólo tres ejemplos de las absurdas leyes migratorias que tenemos y que parece que nadie quiere cambiar. En estos días tuvimos a los candidatos republicanos en la zona y hablaron de la ciencia ficción que rodea el asunto cubano, pero de otros problemas, sobre todo de la inmigración, no dijeron ni pío.
Esta ciudad se ha convertido en el crisol del absurdo migratorio: todos los días me encuentro con personas que no deberían estar entre nosotros porque son criminales empedernidos que sólo hacen daño a la comunidad, y con bellísimas personas reducidas a la categoría de fantasmas porque si bien existen entre nosotros, no tienen ningún estatuto legal, ni forma de conseguirlo, con lo que su destino ha quedado truncado, sin importar su esfuerzo y valía.
Por poner otro simple ejemplo: nos gastamos un dineral en importar médicos de India o enfermeras de Filipinas pero no dejamos que estudien medicina o enfermería a muchachos que han crecido entre nosotros, les hemos pagado los colegios, han demostrado su capacidad pero tienen el pecado original de que sus padres llegaron sin papeles. No es solamente una de las cosas más absurdas que he visto, resulta también inmoral y profundamente antiamericano porque no se debe castigar a los hijos por la conducta de sus padres.
Para hacer las cosas aún más absurdas, los únicos que hablan de reforma inmigratoria son un grupito de fanáticos que sueñan con deportar a los 15 millones de indocumentados y, a corto plazo, hacerles la vida más difícil. Esos son los que han impuesto las leyes estatales antiinmigración en Arizona y Alabama. En los dos estados hay ahora estatutos que obligan a los inmigrantes a llevar su documentación encima. Bueno, el otro día me partía de la risa cuando leí que como consecuencia de la estricta aplicación de la ley, la policía de Alabama había arrestado nada menos que a uno de los más altos directivos de la Mercedes-Benz, un alemán que se encontraba de visita en la planta de automóviles que opera la compañía en ese estado. Resulta que Alabama se ha gastado millones de dólares para atraer a la Mercedes-Benz, que ha creado miles de empleos en el estado, y arrestan a uno de los directivos por haberse dejado el pasaporte en el hotel.
Debería ser sentido común que si exiges que los extranjeros lleven sus documentos encima en todo momento vas a acabar arrestando a un montón de gente que en realidad no tiene nada que ver con el mundo de los indocumentados pero en materia migratoria hace tiempo que se perdió el sentido común y así nos tenemos que tragar a un montón de bandidos, muchos de ellos con papeles porque no se les puede deportar aunque continúen robando o matando, pero no se puede permitir que muchachos criados aquí, en los que nos hemos gastado muchos dólares, salgan de ese limbo absurdo en los que les coloca las leyes migratorias.



























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