Ramón Mas Tudela falleció el 1 de febrero de causas naturales. Tenía 78 años. Era mi medio hermano y el “hijastro rechazado” del que mi madre nunca le gustaba hablar. Ramón no creció en el seno de nuestra familia; lo crió mi abuelo, Florentino Mas y Milanés, un hombre de estricta disciplina que fue comandante en el ejército mambí que luchó por la independencia de Cuba contra España.
A diferencia de mi difunto hermano Jorge Mas Canosa, Ramón nunca alcanzó la fama y la fortuna que Jorge desarrolló como fundador y líder de la Fundación Nacional Cubano Americana y que es el motor de MasTec, una empresa multimillonaria, hoy dirigida por sus hijos.
En consecuencia, ninguna calle o ninguna escuela llevará el nombre de Ramón Mas Tudela. No habrá placas ni estatuas con su imagen. Ninguna beca universitaria recogerá su legado.
Sin embargo, en muchos sentidos, la vida de Ramón es quizá más representativa del valor tranquilo y la fortaleza de carácter exhibidos por una generación de exiliados cubanos que está desapareciendo rápidamente. Su historia es importante y merece ser contada. Jorge Mas Canosa sin duda estaría de acuerdo.
Ramón Mas Tudela no tuvo la suerte del resto de nosotros, que nos fuimos de Cuba en 1960 y 1961. Arrestado y encarcelado por actividades anticastristas, Ramón pasó la mayor parte de la década de 1960, los años de su juventud, en prisiones cubanas, empezando en la de Isla de Pinos. Su sueño de ser un artista se hizo añicos. Su primera esposa vino a Estados Unidos con su hijo, un bebé, y una hija en camino. Más tarde se divorciaron.
Cuando salió de la cárcel, Mas Tudela se volvió a casar, esta vez con su novia del bachillerato, Zoila Bustamante, que había empezado a visitarlo después que lo trasladaron a una prisión cerca de La Habana. No tardaron en tener un hijo, Florentino Carlos Mas, al que le pusieron el nombre de nuestro bisabuelo, que crió a Ramón.
Más adelante emigraron a Estados Unidos, a principios de la década de 1970, y Ramón encontró trabajo en el incipiente negocio de construcción de Jorge. Allí alcanzó un nivel de vida desahogado, en el puesto de supervisor de campo. Pasó 33 años trabajando en MasTec. Ramón también restableció su relación con su hijo, que llevaba su nombre, y su hija de su primer matrimonio.
Ramón Mas Tudela nunca se hizo rico ni famoso. Pero fue una inspiración para todos los que lo conocieron.
La dictadura comunista de Cuba le quitó su juventud, destruyó sus sueños y rompió su primer matrimonio. Pero nunca se mostró amargado ni pesaroso. Al contrario, siempre tenía una sonrisa en el rostro. Le encantaba bailar y contar chistes, y disfrutaba las reuniones familiares, donde siempre era recibido con los brazos abiertos. Nadie podía asar un puerco mejor que Ramón Mas Tudela.
Amaba la vida y la vivía con deleite.
Su hijo Florentino heredó su talento artístico, y Ramón y Zoila lo vieron convertirse en un exitoso arquitecto, ganador de varios prestigiosos premios de diseño.
Cuando me piden que explique la experiencia del exilio cubano, relato la historia de Ramón Mas Tudela.
Para empezar, su vida no fue fácil. Fidel Castro se la hizo mucho peor, al causarle un gran dolor y sufrimiento, como a millones de personas más, y lo sigue haciendo.
Pero la vida de Ramón esa también la historia de la renovación, de la creación de una vida nueva a partir de las cenizas de la anterior. Raúl nos demostró que, a pesar de todo, uno siempre puede rehacerse y comenzar de nuevo. Uno puede vivir bien y dejar un legado maravilloso apoyándose solamente en la decencia genuina y la determinación.
Esa es la historia de Ramón. Es también la historia de incontables padres, madres y hermanos mayores. Es la historia del exilio cubano y debe recordarse mucho después que su presencia física ya no esté entre nosotros. Fidel nos habrá robado nuestras casas, nuestro país y hasta nuestras vidas, pero nunca ha logrado aplastar nuestra dignidad humana.
Que Dios te bendiga, hermano. Te extrañaremos y nunca te olvidaremos.
Asesor de inversiones en Miami.



























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