Cuando agentes del FBI interrogaron a Roberto Asanza, policía encubierto de Miami, el 25 de mayo del 2010, encontraron una docena de bolsas congeladas de cocaína escondidas en una caja de discos compactos en su camioneta.
Asanza, ex infante de Marina, reconoció que se quedó con la drogas tras decomisarla a un traficante que él y su jefe habían encontrado en una tienda de protección de vidrios contra el sol en Allapattah hacía varias semanas.
En vez de arrestar a Asanza por no entregar y reportar la cocaína, los agentes lo hicieron trabajar para ellos. Asanza aceptó llevar un micrófono oculto para ayudar a los agentes a capturar un peje grande el jefazo, el sargento Raúl Iglesias, de la Policía de Miami en un poco común ejemplo de un policía que se vuelve contra otro.
La reunión grabada ese mismo día entre Asanza y su veterano supervisor no generó nada de valor real. Un año después, el FBI finalmente arrestó a Asanza bajo cargos de tráfico de drogas.
Pasemos ahora a la semana pasada: enfrentado a un juicio, Asanza, de 32 años, se declaró culpable en un tribunal federal de Miami de un cargo menor de posesión de cantidades pequeñas cocaína, heroína y marihuana. El graduado de la secundaria Coral Park, que llevaba seis años en la policía, entregó todas sus certificaciones profesionales y enfrenta un año de prisión.
Pero probablemente no cumpla mucho tiempo tras la rejas porque ha aceptado cooperar con el FBI y la Fiscalía Federal en la investigación del sargento Iglesias, de 39 años.
El sargento, veterano de 18 años en la Policía de Miami que dirigió la Unidad de Control de Delitos del Distrito Central, especializada en combatir el narcotráfico, fue suspendido con paga en el 2010. Iglesias, al igual que Asanza, es sospechoso de confiscar drogas y dinero a traficantes y usarlos para pagar a informantes confidenciales. También se sospecha que vendían las drogas.
William Matthewman, el abogado de Iglesias, calificó de ridículas las acusaciones, señalando que el sargento y su unidad encubierta trabajaban parte del tiempo en una fuerza conjunta del FBI y la Dirección Antinarcóticos (FBI) como agentes encubiertos.
De hecho, su compañero de trabajo diario en las investigaciones encubiertas era un agente del FBI, dijo Matthewman. No tiene sentido alguno que alegar que Raúl Iglesias hiciera algo ilegal mientras trabajara con un agente del FBI.
Y agregó: El no ha hecho absolutamente nada indebido y está dispuesto a que lo sometan a una investigación justa, que lo exonerará.
Los detalles de la investigación del FBI a Iglesias, que también es objeto de una pesquisa de la División de Asuntos Internos de la Policía de Miami, salió a relucir en un caso federal paralelo contra Asanza.
Después del arresto de Asanza en junio del año pasado, el agente inicialmente se mostró desafiante con el FBI y leal a su antiguo jefe, muestran documentos judiciales.
Ustedes me arrestan porque no pudieron hacer bien su trabajo y acumular pruebas contra el sargento, expresa un resumen de la declaración de Asanza al FBI el 2 de junio del 2011. Ustedes trataron de volverme en contra de él y no lo lograron. Esa es la única razón por la que me arrestan.





























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