NUEVA YORK -- Rusia y China vetaron el sábado en el Consejo de Seguridad de la ONU un nuevo proyecto de resolución condenando la sangrienta represión en Siria, cuando poco antes la oposición siria informó sobre la muerte de más de 230 civiles a consecuencia de bombardeos en Homs .
Trece de los 15 países del Consejo de Seguridad de la ONU votaron en Nueva York a favor de un proyecto que daba un fuerte apoyo al plan de la Liga Árabe para asegurar una transición a la democracia en Siria y denunciaba las “continuas violaciones” de los derechos humanos cometidas por el régimen del presidente Bashar al Asad.
Sin embargo, Rusia y China (que ocupan dos de las cinco bancas permanentes con derecho a veto del máximo órgano de la ONU) volvieron a bloquear una condena contra el gobierno de Al Assad, tal como habían hecho el pasado 5 de octubre.
Para la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, el veto ruso y chino equivale a “llevar la responsabilidad por los horrores que se producen en Siria”. “Sin una acción conjunta, con la comunidad internacional, temo que esto termine en una guerra civil”, agregó.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, señaló que la decisión de Moscú y Pekín “alienta al régimen sirio a perseverar en su política cruel y sin salida”.
Por su parte, el canciller británico, William Hague, acusó a rusos y chinos de haber “abandonado al pueblo sirio” y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, declaró que el doble veto “debilita” a Naciones Unidas (ONU).
El nuevo proyecto de resolución, que reemplazaba a otro más duro descartado de plano por Rusia, no pedía explícitamente que Al Assad dejase el poder.
Pero las concesiones incluidas resultaron insuficientes para Moscú, tradicional aliado del régimen de Damasco.
El embajador ruso ante la ONU, Vitaly Churkin, justificó el veto argumentando que el texto era “desequilibrado” y denunció que las potencias occidentales sólo buscan un cambio de régimen en Damasco.
Moscú anunció que Lavrov viajaría el martes a Damasco para reunirse con Al Assad con el objetivo de “encontrar una salida política al conflicto”.
Después de 10 meses de violencia en Siria en los que, según la ONU, han muerto más de 5,400 personas, la comunidad internacional no logra ponerse de acuerdo para detener la represión en ese país.
En el episodio más mortífero desde el inicio en marzo de la revuelta, más de 230 civiles, entre ellos decenas de mujeres y niños, murieron entre la noche del viernes y la madrugada del sábado durante bombardeos por parte de las fuerzas del régimen sobre Homs, bastión de la revuelta, denunciaron grupos de la oposición.
“El bombardeo cesó esta mañana (del sábado) y los habitantes han salido a la búsqueda de muertos y heridos bajo los escombros”, declaró por teléfono Hadi Abdalá, un habitante del barrio de Jaldiya, uno de los más afectados por el ataque.
Los habitantes de Homs comenzaron ya a enterrar a sus muertos, cuya cifra asciende a 237, entre ellos 99 mujeres y niños, según el opositor Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), con sede en el Reino Unido.
Las cadenas de información árabes Al Arabiya y Al Jazeera mostraron imágenes de decenas de cadáveres tirados en las calles de Homs.
Esta nueva matanza fue condenada por Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, España y la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton.
El presidente estadounidense, Barack Obama, acusó al régimen sirio de asesinar a civiles y pidió a Al Assad que dé “un paso a un lado y permita que comience de inmediato una transición democrática”.
De su lado, el ministro de Información sirio, Adnan Mahmud, aseguró que fue la oposición la que bombardeó Homs para tratar de influir sobre la votación en el Consejo de Seguridad de la ONU.
“Las informaciones (…) sobre el bombardeo por el ejército sirio de barrios de Homs son falsas y sin fundamento. Se producen en un contexto de una guerra de información histérica (…) en previsión de la reunión en el Consejo de Seguridad de la ONU”, declaró el ministro a la AFP.
El viernes, miles de sirios en todo el país homenajearon a las miles de personas que murieron hace 30 años en Hama durante la represión de la revuelta de los Hermanos Musulmanes por parte del régimen de Hafez al Assad, padre del actual presidente.



























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