Hace diez años, pocos habrían imaginado que Midtown Miami sería el hogar de algunos de los mejores restaurantes de los Estados Unidos, que el Distrito del Diseño se convertiría en un centro cultural y de diseño internacional o que en el downtown de Miami y el corredor de Biscayne se alzarían joyas arquitectónicas.
Talentosos chefs y dueños de restaurantes como Michael Schwartz y Michelle Bernstein, dueños de galerías de arte como la familia Rubell y Martin Margulies, urbanizadores como Craig Robins y The Related Company, con espíritu de pioneros corrieron riesgos, sin la certeza de alcanzar el éxito, para forzar una necesaria evolución y el renacimiento de nuestra aún floreciente ciudad de clase mundial.
Pero los partidarios de los casinos han llegado al Sur de la Florida con la garantía de que se crearán 100,000 empleos, que los negocios actuales prosperarán y que la expansión de los casinos generará ingresos adicionales. Estos son los mismos casinos que una y otra vez han vendido falsas promesas de prosperidad económica y los mismos casinos que nuestra comunidad ha rechazado anteriormente.
Los mega casinos prosperan devorando los negocios locales. Los casinos están concebidos para ser autosuficientes. Tienen restaurante, espectáculos y juegos bajo un mismo techo, de manera que los clientes no tienen que salir del local.
El casino propuesto para el downtown de Miami no es distinto: 5,000 habitaciones y más de 50 restaurantes, bares y clubes nocturnos. Nuestros sectores locales de hotelería, entretenimiento y ventas al detalle sufrirán consecuencias similares a las de Atlantic City, donde sólo el 10 por ciento de los negocios más cercanos a los casinos siguen abiertos hoy, y la cantidad de negocios de venta al detalle bajó en un tercio en el primer año en que se abrieron los casinos.
En Iowa, las ventas al detalle gravables en ciudades sin casinos crecieron más de cinco veces más rápido que en las ciudades con casinos.
Una comisión independiente sobre el juego en New Hampshire halló que abrir un casino eliminaría siete empleos locales por cada 10 empleos creados por el casino.
¿De verdad creemos que los negocios locales cercanos a un mega casino sobrevivirán? ¿Cómo afectará el proceso natural de mejoramiento económico y cultural que ya está ocurriendo en esas áreas?
Los establecimientos locales probablemente verían reducciones en sus ingresos porque ni los residentes ni los turistas gastarían su dinero en el Midtown, el Distrito del Diseño, Miami Beach o Brickell.
Si estas cifras inquietantes no son suficientes para convencerlos, vean lo que comentó uno de los mayores defensores de los juegos de azar, Steve Wynn, de Wynn Resorts, quien dijo al dueño de un negocio local en Bridgeport, Connecticut, cuando se consideró la expansión de los casinos en 1990: “No hay razón en el mundo para que cualquiera de ustedes espere por más de un segundo que sólo porque haya gente aquí, la gente va a ir corriendo a sus restaurantes y a sus tiendas sólo porque estamos construyendo este edificio aquí”.
Los partidarios de los casinos afirman que se crearán 100,000 empleos y que la expansión del juego generará ingresos adicionales. Esta cifra es muy engañosa por varias razones. La cifra incluye una cantidad considerable de empleos temporales y de jornada parcial, la mayoría de los cuales pagan bajos salarios.





























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