Mi tema para la columna de esta semana iba a ser El liderazgo ético; hacer lo correcto, basado en un prominente empresario hispano que con valor.0 rechazó una oportunidad para entrar en un negocio rentable pero que le hubiera creado un conflicto con sus valores y conciencia. Al final resultó que su compás ético lo guió en la dirección correcta. Con un renovado sentido de compromiso a su misión y propósito empresarial original, y guiado por la ideología fundamental de su compañía, diversificó su oferta de productos y marcó el comienzo de una nueva era de crecimiento y rentabilidad que continúa hoy.
Pero ese cuento tendrá que esperar...
La razón es porque mientras más reflexionaba sobre el tema de liderazgo ético y de hacer lo correcto, más me daba cuenta de que mi enfoque, aunque ciertamente relevante en los negocios de hoy y el entorno social, no aborda el problema más apremiante que, como hombres y mujeres de negocios, nos vemos obligados a tratar: nuestra libertad más básica y nuestros derechos de conciencia están siendo atacados. Pero todavía, el ataque viene desde adentro.
El 20 de enero del 2012, el Departamento de Salud y Servicios Humanos reafirmó el mandato que cada empleador de EEUU debe proporcionar a sus empleados de forma gratuita cobertura de seguro médico que incluya drogas anticonceptivas, la esterilización e incluso drogas que inducen el aborto. Si bien este acto en sí es una violación directa, no sólo de los principios fundadores de nuestra nación, que "Ninguna disposición en nuestra Constitución debe ser más querida para el hombre que la que protege los derechos de conciencia contra el poder de sus funcionarios públicos...” (Cartas a la Iglesia Metodista Episcopal en New London, Connecticut, 4 de febrero de 1809), (Andrew Lipscomb y Bergh Albert, los escritos de Thomas Jefferson), sino de las actuales leyes federales que protegen a los individuos de participar en programas de servicios de salud financiado en su totalidad o en parte con fondos federales, que son contrarios a sus creencias religiosas o convicciones morales (42 USC 300a-7 (d)), se sumerge en profundas violaciones de nuestros derechos fundamentales al negar la exención a organizaciones religiosas que están moralmente opuestas al aborto y la anticoncepción. En un reciente editorial del Wall Street Journal, el cardenal electo y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de EEUU, Timothy Dolan, de Nueva York, escribió: “... la Administración reafirmó el mandato y ofreció sólo un retraso de un año para ejecución en algunos casos – como si de repente estuviéramos más dispuestos a violar nuestras conciencias en 12 meses”.
No confundamos el tema. Esto no se trata de sus creencias religiosas personales o su posición sobre el aborto y la atención médica preventiva. El mandato de la Administración de Obama es particularmente peligroso para nuestra libertad básica y modo de vida -la suya y la mía- por dos razones:
En primer lugar, porque le da al gobierno federal el poder para obligar a sus ciudadanos a participar directa e indirectamente en prácticas que pueden vulnerar sus creencias. La administración está obligando a las personas e instituciones a que apoyen y participen en algo que podrían considerar inmoral. “Las personas no tendrán la libertad para mantener la cobertura que tienen ahora que respeta sus convicciones. Las organizaciones con muchos empleados tendrán que violar sus conciencias o dejar de ofrecer por completo beneficios para la salud.” (USCCB - Un ataque a los derechos de conciencia)



























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