Dicen que el dinero no compra la felicidad, pero un afortunado vecino del este de Hialeah o alguien de afuera del municipio que la semana pasada cazaba buenas ofertas debe estar hoy extremadamente jubiloso si ya sabe que atesora en el bolsillo el boleto ganador del premio gordo de la Lotto.
Un cliente que a lo mejor fue a La Preferida Super Discount a comprar un pastelito de guayaba, viejos remedios como Iodex o Numotizine, un magneto con la imagen de la Virgen o un perfume Gloria Vanderbilt por $9.99, también salió de la tienda con $12 millones.
Esa dichosa persona, que jugó los números 9-16-34-39-41-46 en el sorteo del sábado, puede afirmar que se hizo multimillonaria de la noche a la mañana en Hialeah.
El domingo todavía se desconocía la identidad del ganador. Pero la vendedora del boleto probablemente haya sido Daysi Lorenzo, que lleva 21 años trabajando en esta tienda de descuentos en 819 E. 41st St.
Que tenga mucha salud para disfrutarlo, auguró Lorenzo mientras contaba el dinero de la caja registradora. Espero que el ganador sea alguien de Hialeah.
Rosemary Barnes, vecina norteamericana que ha sido clienta de La Preferida desde su juventud, cuando el comercio se llamaba Ingelside Market, dijo que se arrepentía de no haber comprado un billete el día anterior.
Si fuera la ganadora, se compraría una casa con varios acres de tierra para albergar muchos animales. También ayudaría a los desamparados y organizaría una fiesta por todo lo alto para los vecinos.
Ganarse la Lotto es un sueño hecho realidad, comentó Barnes, maestra retirada de 60 años. Espero que la persona que compró el billete lo revise porque hay gente que gana y nunca reclama el premio.
La noticia de que en este vecindario pobre habría un millonario corrió como pólvora en la tarde y emocionó a los jugadores que todavía no habían revisado los resultados.
José Felipe, vecino que compra religiosamente la Lotto en La Preferida, se decepcionó; el afortunado no era él.
Si fuera yo, no estaría lavando el carro, expresó Felipe, de 40 años, mientras enjabonaba su camioneta Ford Bronco negra. Habría mandado a lavar el carro y estaría comprando uno nuevo.
La Preferida, anteriormente conocida como La Ganga, está rodeada de negocios tradicionales del área. Además de un supermercado Sedanos, hay un cabina telefónica para hacer llamadas a Cuba por 69 centavos el minuto; una academia para aprender a ser guardia de seguridad; una casa de empeños, varias cafeterías y un restaurante lounge con música en vivo que se escuchaba a tres cuadras.
Un grupo de hombres bebía cerveza afuera del establecimiento y la embriaguez los hacía pensar en grande en caso de que uno de ellos fuera el ganador de los $12 millones.
Miguel Ayala, cubano de 49 años, dijo que lo primero que haría después de cobrar el permio gordo sería abrir un warehouse en Hialeah para darles trabajo a mis amigos porque la economía está mala. También enviaría dinero a Cuba y viajaría a Nueva York en cabina de primera clase.
En cambio, Harley Del Toro, carpintero de 27 años, usaría el dinero para garantizarle una vida feliz a mi familia.
Del Toro tiene tatuado en el cuerpo los nombres de sus cuatro hijos. Ganar la Lotto les aseguraría una buena educación, dijo. No obstante, para él mismo no compraría nada.
Yo soy feliz como soy; no hay que ganar la Lotto para ser feliz, observó Del Toro. Pero sí hace falta mucho billete.





























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