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SEBASTIEN PERROT-MINNOT: ¿El fin del mundo?

 

Fascinado por la creación, el espíritu humano lo está también, hay que admitirlo, por la destrucción. ¿Cómo interpretar de otro modo el entusiasmo actual por el tema del fin del mundo? Se basó en interpretaciones erróneas del calendario y la mitología mayas, pero como no era suficiente, se intentó recurrir también a los sumerios, el hinduismo, la Biblia y el esoterismo, entre otros, y se buscó señales fatídicas en la tierra, el mar y el cielo. El resultado de este frenesí son avalanchas de predicciones más o menos funestas.

El fin del mundo no es historia nueva. Cada año, probablemente, ha sido designado por alguien como siendo el último. Ciertos años fueron el objeto de sentencias apocalípticas notables: 1914, 1999, 2000, 2003… Pero en la materia, el 2012 se lleva sin duda las palmas. En este contexto, diversos sectores saben explotar la sed de emociones fuertes, pero igualmente el miedo del público; como lo escribe John Steinbeck, el anuncio de la fecha del fin del mundo representa el “argumento contundente” de los predicadores. Seamos claros: mientras no se perjudique los derechos fundamentales del individuo ni se altere el orden público, cada uno es libre de profesar las creencias de su elección. Pero por favor, respetemos la memoria de los Antiguos.

Acerca de la civilización maya, no es vano recordar aquí algunos elementos esenciales. Apasionados por la observación de los astros y la medición del tiempo, estos antiguos mesoamericanos concibieron un calendario que llegó a ser el más preciso del mundo. En realidad, se trataba más bien de tres calendarios, a veces combinados: el tzolk’in, un ciclo sagrado de 260 días; el haab, calendario solar de 365 días (asociados, el tzolk’in y el haab dan fechas que se repiten cada 52 años), y la “cuenta larga”, un cómputo lineal datando los eventos a partir de un punto de referencia cronológico: el día 4 Ajaw 8 Kumk’u que corresponde, según la correlación más ampliamente aceptada entre los mayistas, al 11 de agosto de 3114 a. C. La significación de esta fecha (muy anterior al nacimiento de la civilización maya) permanece oscura: las escasas inscripciones conocidas que la mencionan tienen un carácter esotérico. Pero sabemos, al menos, que el 4 Ajaw 8 Kumk’u no marca la creación del universo: en ciertas estelas, los mayas consignaron sucesos mitológicos de un pasado extraordinariamente más remoto.

En su cómputo del tiempo, los mayas utilizaban un sistema de períodos esencialmente vigesimal, incluyendo el winal, de una duración de 20 días ( kinob); el tun, de 18 winalob; el katun, de 20 tunob; el baktun, de 20 katunob, etcétera. El punto de partida de la cuenta larga constituye el inicio de un ciclo de 13 baktunob, que llegará a su fin el 21 de diciembre de 2012. Sólo se conoce un texto maya que se refiere a esta fecha. La inscripción, plasmada en un monumento de Tortuguero (un sitio del estado mexicano de Tabasco), ha sido muy dañada; pero lo que se puede descifrar no predice ningún desastre y en la concepción de los antiguos mayas, la historia continuará después del 2012. De manera general, los dirigentes de las civilizaciones de la antigüedad se abstenían de anunciar el momento del fin de la humanidad. Al respecto, el astrónomo y escritor francés Camille Flammarion evoca un problema esencial en su libro El fin del mundo (1894): “¿Para qué ocuparse de negocios, de política interior o exterior, de cuestiones de presupuesto o de reformas, si el mundo va a terminar?”.

Las teorías apocalípticas relacionadas con 2012 atañen, de hecho, a una confusa mitología moderna. Pacientemente, incansablemente, los científicos denuncian las falsedades y las imposturas, en medio del creciente estrépito del desatino. Por lo demás, tendremos que esperar el desmentido supremo: el que será aportado por el amanecer del 22 de diciembre de 2012.

Doctor en arqueología, Universidad de París 1 (Panthéon-Sorbonne).

El Nuevo Herald

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