Considerado como el mejor boxeador del mundo que nunca pisó un ring profesional, Teófilo Stevenson vivía en el suave anonimato que le permite la vicepresidencia de la Federación Cubana de Boxeo, hasta que rumores sobre su salud le llenaron la sala de su casa de periodistas.
Aunque reportes iniciales hablaron de serios problemas en el hígado, el mismo Stevenson reveló que se trataba de problemas cardíacos -un coágulo descubierto muy cerca del corazón- que le tuvieron en cuidados intensivos por más de dos semanas en un hospital de la capital cubana.
Sin duda, Stevenson, de 60 años de edad, sigue siendo uno de los deportistas más apreciados en la isla y uno de los que mejor -junto al bicampeón olímpico de Montreal 1976, Alberto Juantorena- ha sabido recoger los frutos de representar al régimen cubano al más alto nivel en eventos internacionales.
Francamente, es una figura decorativa, sin poder alguno para tomar decisiones y las autoridades lo usan, porque saben de su todavía gran arrastre en la población, explica Damián DAverhoff, quien fuera periodista deportivo de la revista Bohemia y que abandonara una delegación a los Juegos Panamericanos de Guadalajara en octubre pasado para establecerse en Miami. Aparece de cuando en cuando en actos oficiales y nada más.
Pero junto a la innegable leyenda deportiva del triple campeón olímpico se ha tejido otra de manera soterrada que habla de múltiples problemas de violencia y alcoholismo, que han sido ocultados con un secretismo extremo por el gobierno cubano para preservar al símbolo del deporte revolucionario.
Todo el mundo lo sabe, agrega DAverhoff. Teófilo es un alcohólico.
Recientemente, un periodista estadounidense especializado en boxeo le comentó al historiador y periodista Enrique Encinosa que había viajado a La Habana con el objetivo de entrevistar a Stevenson y que le confesó que una botella de ron era la llave para conversar con el hombre que, según la revista Sports Illustrated, en una edición de 1974, prefería ser rojo a ser rico.
Se trata de un periodista muy conocedor del pugilismo antillano que confirmó lo que muchos saben desde hace tiempo: la bebida domina al que muy pocos podían dominar con los guantes puestos, apunta Encinosa. Se habla de otras cosas, de su carácter violento, que golpeó a un amante de una ex esposa, que las autoridades le han sacado de varios problemas públicos y privados.
En entrevista exclusiva para El Nuevo Herald publicada en enero del 2006, la periodista Lisette Bustamente, muy conocida en la isla en la década de los 80 y que desertara en España en 1992, reveló cómo había sido violada por Stevenson en una habitación del Hotel Tritón tras ganar el Torneo de la Amistad de 1984 -una suerte de premio de consolación de los países socialistas por la ausencia en los Juegos Olímpicos de ese año en Los Angeles- y la posterior visita de agentes de la Seguridad de Estado pidiéndole discreción total para no dañar la imagen de la revolución.
Y quién no recuerda el incidente del aeropuerto, comenta Encinosa.

























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