A pesar de que es un gigante de tamaño, Luis Ortiz viene subiendo poco a poco sin hacerse notar.
Aunque su récord es de respeto (14-0, 12 KO) y está ubicado número cinco en la clasificación de la Asociación Mundial del Boxeo (AMB) el pesado reconoce que todavía le falta enfrentar a rivales de renombre para ser tomado en cuenta por los reyes de una división que desde hace mucho tiempo no apasiona a nadie.
No me canso de decirlo, quiero enfrentarme a los mejores, pero tampoco puedo desesperarme, explica el cubano, quien el viernes será uno de los protagonistas de una cartelera en el Palm Bay Community Center, de Palm Bay, Florida. No puedo quejarme de mi carrera y sé que lo mejor está por venir más temprano que tarde.
Ortiz, quien nació en Camaguey y terminó con balance de 343-19 en su período amateur, chocará en el programa de la cadena Telemundo y del promotor Tuto Zabala Jr. con el experimentado colombiano Epifanio Mendoza (32-13-1, 28 KO), un hombre que comenzó peleando en las categorías welter y ha ascendido al peso máximo.
Mendoza es un veterano curtido que, si viene bien preparado y con suficiente motivación, debe ofrecerle la mejor resistencia que podría encontrar Ortiz en su todavía breve carrera profesional, que comenzó en el 2010, cuando decidió abandonar la isla en busca de un título mundial.
Pero a diferencia de muchos de sus compatriotas, Ortiz, que es codirigido por Dream Team Boxing y Dade Promotions, viene peleando a un ritmo acelerado y su plan es finalizar el año entre los tres primeros de la AMB para a principios del 2013 ir por la bolsa grande ante los hermanos Klitschko, Wladimir o Vitali.
Hasta allá quiero llegar y ganar un título. Ese es el sueño que he tenido desde niño y eso no se desvanece así tan fácilmente. Sé que cuando me toque enfrentar a alguno de ellos será el mejor día de mi carrera, apuntó Ortiz. Pero en estos momentos sólo pienso en mi rival del viernes.
Ante el colombiano Mendoza, Ortiz pondrá en juego su título FEDELATINO de la AMB y buscará las fajas NABA de la Asociación Mundial y la latina de la Organización Mundial, coronas que palidecerían con las del orbe.




























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