Ya no se sabe qué le acomoda a uno mejor, si este partido o el otro, si ese candidato o aquel. El acto de votar en las elecciones se está convirtiendo en una cábala, que lo mismo puede salirnos a las mil maravillas que darnos la sorpresa más inesperada. De un tiempo a esta parte, resulta cada vez más difícil saber de antemano qué terreno se pisa, y de qué lado duerme –no del que dice estar– un político, si del izquierdo o del derecho.
Hubo una época en que las fronteras estuvieron bien deslindadas. O se estaba de un bando o de otro, del liberal o del conservador. Se era de izquierda o de derecha, y punto. Sin embargo, hoy es común escuchar al más jurásico de los comunistas hacer una frenética apología de las leyes de mercado, y al capitalista más recalcitrante gastarse un discurso que ni los jacobinos. En esas estamos.
Mi amigo Alfre, que es vegetariano, defensor de los animales, condescendiente con los abortos pero un furibundo anticomunista, de súbito ha descubierto que es de izquierda, y eso lo tiene muy atormentado. Resulta que de repente quienes figuran de ese lado del espectro son campeones exclusivos de las causas justas, políticas, sociales y económicas. Y la derecha carga con el cartel de retrógrada, cavernaria, antiobrera, xenófoba y una pila de injurias más.
El fárrago es tan mayúsculo en materia de filiaciones que a la derecha llega a acusársele hoy en día hasta de fascista y paradójicamente se le identifica, en bloque y con el antisemitismo de siempre, como una ciega defensora a ultranza del estado de Israel. En cambio, la izquierda asume como propia y sin dilación la causa de los palestinos, cuyos líderes hace siete décadas todos les hicieron la corte a los nazis. Un embrollo que como se ve no hay quién entienda.
La derecha no parece estar en boga. Da la impresión de que en tiempos duros como los que vivimos la gente se embriaga más de utopías políticas, para las que nunca dos más dos son cuatro, sino ocho o dieciséis. De hecho cuando un gobernante de derecha saca la cabeza, dondequiera que sea, los periodistas lo achicharran; lo que lo pone a uno a pensar si no será cierto el rumor que desde hace años corre por ahí de que la prensa cojea más a la izquierda.
Hasta el refranero popular ha sufrido en medio de tanta confusión. Y ya apenas se dice que los asuntos hay que manejarlos con mano derecha, para dejar claro que no habrá margen a la equivocación ni a flaquezas. ¿Ha sacado usted la cuenta del liderazgo que han alcanzado los zurdos en años recientes? Sólo en Estados Unidos, cinco de los últimos siete presidentes lo han sido. Y para mayor enredo, tres de ellos fueron políticos de derecha.
Ya no es raro entre nosotros ver a republicanos apoyando causas que hasta ahora se habían apropiado los demócratas, como la defensa del medio ambiente, el matrimonio homosexual o el aborto. O a la inversa, demócratas dándole el visto bueno a los romances de política y religión, a favor de subir los impuestos y hasta votando por reducir el gasto social.
En tiempos de elecciones, como ahora, es cuando más se enrarece el ambiente. Se tienden alambradas en las fronteras partidistas y las palabras silban como balas. Sin embargo, la engañosa publicidad es capaz de trastocar el fango en oro, y no es inusual que un político liberal vire la tortilla y le eche la culpa a los conservadores de todas sus desgracias –o viceversa– para que la gente, enardecidamente herida en su idiotez propia, beatifique a la víctima y el efecto sea el contrario del que se espera: las manchas del pecador premiadas como victorias.
La cosa ha llegado al punto de que a un lado y otro de la cerca hay sobradas razones para preguntarse: bueno, ¿qué es mejor, un político de derecha o uno de izquierda? Exceptuando las tiranías que hoy proliferan por ahí –puntualmente, todas de izquierda–, la respuesta, con exactitud, nadie la sabe. Por suerte, a falta de claridad, siempre tenemos la opción de aplicar el sensato consejo de otro buen amigo mío, periodista y casi filósofo, quien suele advertir: “a la trinchera que vienen los nuestros”.



























Mi Yahoo