¿Es ella la musa o la creadora en esta cinta? ¿Es ella la estrella o su luz reflejada en los bailarines que la encarnan? ¿Quién es Pina Bausch? Si bailar es volar, poder subir a las alturas, poder comunicarse con la tierra y el cielo al mismo tiempo, esta cinta sobre ‘Pina’ lo muestra.
La obra de Pina Bausch con su Tanztheater Wuppertal es más que coreografía. Y se comprende aun mejor en los reflejos de sus danzas en una pantalla tridimensional bajo la cámara de un cineasta tan prodigioso como el objeto de este documental, Wim Wenders. El director no le es extraño a los cubanos ni a todos los que siguieron su documental sobre los cantantes del disco Buenavista Social Club, de Ry Cooder (1995), filmada en Cuba y en Nueva York. Tampoco es desconocido para los que vieron su inusual cinta sobre un héroe de los Westerns, Don’t Come Knocking (2005), desarrollada en Estados Unidos, un deleite de historia y actuación, de una línea argumental intensa.
Su larga lista en la industria del cine es tan impresionante como la que amasó su compatriota coreógrafa en los teatros. Unirse los dos ha sido el acierto cuyo producto se vio desde el año 2011 en el Festival de Berlín y es ahora la entrada oficial de Alemania para los Oscares. El filme es un tributo, ya que Pina falleció en el 2009, y la vemos poco en la pantalla, pero sí a todos sus bailarines, los originales y los actuales, de los que fue mentora, guía, creadora e inspiradora. Son latinoamericanos y españoles, franceses, orientales, rusos, y por supuesto alemanes, como lo fue Pina Bausch, nacida en Solingen cerca de Dusseldorf, en 1940. Pero su empresa fue universal. Wenders, gran amigo de la coreógrafa, iba a seguir colaborando con ella en este filme, pero Pina falleció antes de que pudieran completar su misión.
La cinta comienza con una sencilla explicación en alemán, con subtítulos en inglés, que da una bailarina sobre los símbolos que se usarán para expresar con brazos, manos y expresiones faciales, la representación de la primavera, el verano, el otoño y el invierno. Ella desaparece y una fila de bailarines desde los 15 años a mayores de 65 desfila repitiendo estos gestos. Serán el hilo de Ariadna que llevará al espectador sinuosamente entre las coreografías muy conocidas de Pina, primero dentro del teatro y luego tras las cortinas, que se levantan y flotan hasta nuestros ojos -por el efecto 3D- hasta salir del teatro en la próxima instancia, caminando por las veredas en entreactos, y terminando al final de la película en un monte árido -¿el invierno?- y casi al borde de un precipicio donde unas torres sencillas de madera imitan iconos de un mundo en vigilia. Uno no se da cuenta apenas de cómo los bailarines envejecen, cambian y desaparecen mágicamente, con los imperceptibles cortes del cineasta, un truco que se repite en las diferentes secciones que nos hacen revivir sus piezas, pero desde adentro hacia afuera, como Rito de primavera y Cafe Müller. ( Pina se estrena el viernes 17 de febrero en el Coral Gables Art Cinema.).•
Corrección. En mi columna del domingo pasado: ‘Los siervos’, de Virgilio Piñera, sí se llegó a escenificar por fin en Cuba, por el grupo Teatro de la Luna, en el 2002. De sus obras citadas, rectifico que es El flaco y el gordo (y no al revés) y Un arropamiento sartorial en la caverna platómica, con la letra M.

























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