La aparición de la abstracción hacia principios del siglo XX significó una revolución sin precedentes. Por primera vez el arte se despojaba del pesado fardo referencial y anecdótico abriendo caminos insospechados a la experimentación que, a grandes rasgos, adoptaba una de dos vertientes fundamentales: la lírica y la geométrica.
La línea geométrica se liberaba además del componente emocional centrando sus búsquedas en las cualidades intrínsecas del espacio plástico tales como estructura, composición y color. Justo es este el tema que ocupa Colors on Colors (Colores sobre colores), muestra abierta al público en el Frost Art Museum.
Compuesta de una cuidada selección de obras geométricas de la colección del nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA), Colors on Colors hace un recorrido a grandes saltos de diferentes aproximaciones a la abstracción geométrica, apoyándose para ello en tres ejes fundamentales: el color contenido en la geometría, el color en movimiento y el color expansivo.
El primer grupo se apoya en la influencia y relectura de las corrientes constructivistas y neoplasticistas de principios del siglo XX y su impronta en las generaciones subsiguientes de artistas abstractos.
En este sentido, destacan las dos obras de gran formato de Juan Melé (Argentina, 1923) incluidas en la presente muestra, en las que el uso de líneas horizontales y verticales de color negro o gris generan una suerte de armazón o retícula sobre la que luego se distribuyen los planos de color, que serán invariablemente primarios: rojo, amarillo, azul.
Melé, quien en Buenos Aires formó parte de la Asociación Arte Concreto-Invención y más tarde, en París se adscribió al grupo Concreto de Milán es heredero directo de la impronta neoplasticista inaugurada por Theo Van Doesburg y Piet Mondrian.
Dentro de este grupo, encontramos también la obra Energía central liberada, 1965, de Ramón Vergara Grez (Chile, 1923), en la que la forma triangular del lienzo acentúa la sensación ascendente tan cara a la obra.
Las obras de Sara Morris (Inglaterra, 1967) y Graciela Harper (Argentina, 1966) se corresponden con una generación más joven. En ellas, la interpretación de las teorías constructivistas se cargan de un sentido mucho más lúdico. Ambas artistas amplían su paleta más allá del restrictivo uso de los colores primarios.
En el caso de Morris, la incorporación de la pintura de esmalte para pared como material pictórico se asocia directamente a su interés de discurso acerca del espacio citadino. Morris recurre a la estructura de panel de abeja y el uso de diagonales que cargan de gran dinamismo su obra.
El segundo subgrupo agrupa obras interesadas en la exploración del movimiento a través del color. María Constanza Cerullo, curadora de la muestra, se apoya en la clasificación de Frank Popper que subdivide este tipo de obras en tres grados de “movimiento”: movimiento generado a partir de la irritación de la retina del espectador; movimiento creado por el desplazamiento del espectador y, por último, desplazamiento de la obra en sí misma.



























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