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Marcela Serrano junta a 10 mujeres en su novela

 
 

 
 

Especial/El Nuevo Herald

La novelista chilena Marcela Serrano, de 60 años y con tres matrimonios, se ha especializado en escribir libros teniendo a la mujer como tema ( Nosotras que nos queremos tanto, El albergue de las mujeres tristes, La llorona), por lo que no fue una sorpresa que ahora lanzara una nueva obra en la que a través de 300 páginas documenta las confesiones íntimas de un grupo de ellas, todas de distintas edades y situación socioeconómica, que coinciden en una clínica gratuita de una psicóloga francesa afincada en un sector populoso de Santiago de Chile.

Serrano aprovecha las experiencias mientras que le dieron vivir en el exilio por ser militante de izquierda, en países como Francia e Italia, para narrar de forma amena y, por momentos hasta humorística, en Diez mujeres los casos de sus diversos personajes. El libro, de la editorial Alfaguara, se encuentra en los primeros lugares de ventas en varios países latinoamericanos.

Así, nos encontramos con el caso de Francisca, quien revela, ante el grupo, que odia a su madre y expresa no comprender por qué Natasha la escogió a ella para iniciar la terapia colectiva. Dice que tiene 42 años, edad en la que “se es joven, pero no tanto, no se es vieja, pero un poquito”. Confiesa ser la paciente más antigua del grupo y que lo que la motivó a acudir a Natasha fue evitar que se repitiera la situación caótica que tuvo con su progenitora. “Todo estaba para que yo misma fuera perversa, una abusadora o una maltratadora”, señala.

Luego interviene Mané, una ex actriz quien dice haber sido muy bella, pero que a sus 65 años ya no lo es, ilustrando su situación con la película Sunset Boulevard, donde una estrella de la era del cine mudo cree seguir siendo una mujer despampanante en el ocaso de su vida. Amante de la bohemia, Mané se casó con un poeta con quien tenía que hacer malabares para poder sobrevivir. Terminó alcohólica, pero se salvó porque sus padres se la llevaron de vuelta a su pueblo natal.

Mané describe magistralmente el deterioro físico que acabó con su belleza, comenzando con el cuello, “que empieza a moverse por su cuenta, a colgar”. Luego menciona los labios, los que “empiezan a retroceder, a retirarse como un par de animales vencidos”.

Layla es una periodista chilena de origen árabe que tuvo la mala ocurrencia de ir a visitar a Palestina a unos parientes que eran militantes de Hamas, cayendo en las manos de tres soldados israelíes en la franja de Gaza que procedieron a violarla en el puesto de control. De esa atrocidad nació su hijo Ahmed, pero a su regreso no reveló a sus familiares quién era el padre. Su forma de eludir estos recuerdos es a través del alcohol, descuidando de paso a su retoño y provocando la ira de sus padres y hermanos, quienes la consideraron una vergüenza para las tradiciones árabes.

El capítulo de Juana se refiere a una depiladora en un barrio elegante de Santiago que tiene que atender a bellas y bien protegidas mujeres que llevan vidas glamorosas, mientras ella tiene que cuidar a su madre enferma y a su hija víctima de una depresión que la dejó casi como un vegetal. Lo que gana con su modesto trabajo, por supuesto, no le alcanza para poder solventar esos problemas familiares, aparte del dinero que necesita para no perder la humilde casita en que viven.

Como éstos, los otros casos tienen cada uno su encanto, haciendo a Diez mujeres una novela muy fácil de leer.• 

El Nuevo Herald

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