Julio Bécquer escuchó sereno el repaso de su vida como pelotero y una continua ovación en el auditorio rompió el protocolo de su encuentro con la historia.
Elegantemente vestido, se levantó con prisa de su silla de invitado y, con paso firme que refutaba el paso de 80 diciembres por su vida, caminó al podio a recibir el merecido tributo de su pueblo.
Es un verdadero privilegio que me hayan seleccionado para estar aquí y poder compartir con todas estas personas que generosamente me honraron con sus aplausos , expresó Bécquer disipando sus emociones al ser exaltado el domingo al Salón de la Fama del Deporte Cubano, en una ceremonia que tuvo por escenario el Big Five Club de Miami.
Primera base estrella con los Tigres de Marianao en la pelota profesional de la isla y jugador de siete temporadas en las Grandes Ligas con los Senadores de Washington, Angelinos de Los Angeles y Mellizos de Minnesota, Bécquer agradeció las muestras de cariños que le dieron en esta décima edición del evento.
Me siento muy feliz por este homenaje, por darme la oportunidad de reunirme con viejos amigos, que algún momento formaron parte de mi vida en el béisbol y a los cuales les profeso un sincero agradecimiento.
Bécquer unió su nombre al de Rogelio Borrego Alvarez, René Friol, Carlos Colás y Clemente González en la lista de los nuevos miembros del recinto, que premia a los atletas con loables actuaciones dentro y fuera de la isla.
Natural de Pinar del Río, Alvarez se destacó como pelotero en Cuba, México, Nicaragua y militó en dos campañas con los Rojos de Cincinnati en las Mayores.
Estoy muy contento con este reconocimiento porque sabemos que no nos han olvidado y eso te llena de orgullo, señaló Alvarez.
Me he vuelto a reunir con los amigos de siempre, personas a las cuales quiero mucho.
Friol también tuvo palabras de elogio para los organizadores de la velada y ponderó el esfuerzo por rescatar la memoria del deporte antillano.
Me siento muy orgulloso por asistir aquí con mis compañeros de toda la vida. Este encuentro nos da mucho ánimo y agradecemos a todas las personas que se acordaron de nosotros.
En la vespertina jornada se entregaron además premios y reconocimientos especiales, entre ellos a Mirta Marrero y Luisa Gallego, dos eternas peloteras que se encargaron de demostrar en las décadas de los años 40 y 50, que el béisbol no era un deporte exclusivamente para hombres.
Este premio es muy especial porque el béisbol significa los mejores años de mi vida, comentó Marrero, quien se desempeñó como pitcher y jugó en cinco equipos estadounidenses en la American Girls Professional Baseball League, entre 1948 y 1953.
Gallego, por su parte, participó en la misma liga de Marrero en calidad de antesalista y lanzadora en 1948 y guarda entrañables recuerdos de su etapa en los terrenos de pelota.
Para mí el béisbol es sagrado. Sigo vinculado a este deporte y nunca voy a dejarlo de amar.



























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