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DE MUJER

MARÍA ANTONIETA COLLINS: ¡Las cosas que uno tiene que oír!

 

Me la paso viajando, de un mes, quizá tres semanas como parte de mi trabajo, y usualmente llego al aeropuerto de Miami alrededor de las cinco de la mañana, cuando maleteros y empleados de las decenas de tiendas en el interior comparten conmigo bostezos por la hora. Hace días, sin embargo, fue la excepción.

Entré a una tienda donde venden revistas y periódicos en la que tres empleadas hispanas reían a carcajadas mientras dos acomodaban revistas y la tercera cobraba.

Me llamó la atención que una clienta antes de marcharse volteó a verme mientras meneaba la cabeza de un lado a otro y me decía: “Las cosas que una tiene que escuchar”, sin que esto inmutara a las “alegres comadres” que seguían felices en aquella tertulia tempranera.

Me puse alerta.

“¿Fulana, -gritó la de la caja- cuánto tiempo después de parir tuviste sexo con tu esposo?”

“Ay, ni me recuerdes -respondió otra- que aquello fue histórico porque nos arriesgamos sin el condón y como no me había llegado el periodo, no podía tomar las pastillas, resultado… ahí mismo quedé preñada del segundo”.

¿Por qué preguntas esto? Le responde la otra.

“Nada más mira la cara de terror que tiene fulanita”.

Ahí caí en cuenta de la tercera empleada que escuchaba en silencio, hasta que abrió su boquita encantadora…

“Chica, como no voy a estar callada si me ha pasado casi lo mismo. Ayer mi esposo se la pasó todo el día en el trabajo mandándome mensajes de texto de que tenía ganas de .… ¡y me dio un “cráneo” que para que les cuento! Apenas llegó a casa nos pusimos para eso… el problema es que se nos olvidó el condón y apenas tengo dos semanas de parida”.

¡Cristo de la Consolación! dije para mis adentros, ¡hablan de eso como si narraran un viaje a Disney World!

Mientras unos clientes americanos pagaban sin entender el diálogo que por momentos era obsceno, sonrojada me puse en fila para pagar, en tanto las comadres seguían dando más detalles sobre el sexo después de un parto, hasta que la que me atendía dio su dictamen final:

“Nada, fulana, que ahora tendrás que ponerte para tu número si tu marido te preñó”.

Pero la siguiente fue más explícita.

“No te culpes, total, ¿Qué vas a hacer si tu marido llega con ganas? Complacerlo, antes de que se vaya con otra… y nada, después a cambiar Pampers”.

Nunca se dieron cuenta de que las miré boquiabierta. Ni les importó. Pagué y salí corriendo a la sala de abordaje, mientras que en el camino no pude evitar reírme y decirme: ¡las cosas que una tiene que oír por estos días!

Pd. Si escribo el “urbano” lenguaje que usaron, ¡más nunca me dejan publicar otra columna!• 

mariaantonietacollins@yahoo.com
El Nuevo Herald

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