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De imprenta

‘Los relatos de Maurice Sparks’, una estupenda colección de cuentos cortos

 
 

 
 

Especial/El Nuevo Herald

Algunos escritores conciben sus historias a partir de una imagen. Otros, como Ernesto G, lo hacen a partir de un personaje. O de muchos personajes, como los que aparecen en su libro, Los relatos de Maurice Sparks (Editorial Silueta, 2011), una estupenda colección de cuentos cortos (uno de ellos, El rechazo, es realmente corto, como el de Monterroso, pero sin dinosaurio: “La invité a tomarnos un café. Me dijo que no. Yo sigo soñando”), cuyas tramas (si es que puede llamársele así a sus fugaces instantáneas de cotidianeidad) se desplazan entre la alineación y el absurdo del cada día de nuestras vidas. En sus historias, contadas a veces en un par de páginas, hay más inmediatez que trascendencia y más picardía urbana que conflictos existenciales. Son tan ingeniosas y verdaderas, tan de pop culture, que algunas podrían ser -por la actualidad de sus anécdotas y por sus certeros diálogos- la base argumental de uno de esos modernos cómics con contenido social. Otras, por su originalidad, la premisa de un guión cinematográfico.

El libro está dividido en tres secciones. En la primera de ellas, Cualquiera es un Maurice, Ernesto G sienta el tono de lo que está por venir: “Salgo a cazar personajes. Así empiezan mis relatos, con un personaje. Observo a la víctima cuidadosamente. Analizo cada detalle. Busco las pistas que me conduzcan a una historia”. Y esa historia, cuando aparece, “puede comenzar en cualquier lado y de cualquier forma. Al fin y al cabo una historia es sólo una historia y un sol muerto es un sol muerto. Una historia es una moneda que alguien ha lanzado al suelo, otro la escupe, aquel la pisa, y tú la recoges”. La segunda sección se titula, La primera vez fue en el carro (que es también el título de uno de los relatos) y es en ella donde se encuentran agrupados los cuentos más logrados. Que son también los más irreverentes. Como el titulado, Mensajes, una historia de amor cibernético con un inesperado final: “La cosa empezó por un mensaje de texto que recibí un día. ‘Te odio. Ojalá nunca te hubiera conocido’. Bueno, yo no te conozco, pensé. Le devolví el mensaje. ‘No entiendo tu odio. No nos conocemos’. Ella se percató de que se había equivocado y me mandó una disculpa. ‘No hay de qué disculparse. Fue una equivocación. ¿Cómo te llamas?’. Ahí empezó todo.”

La tercera parte, Los efectos secundarios, es la más extensa de todas y es donde los relatos (quizás, podríamos llamarle viñetas) se hacen -aunque sin perder su humor- un poco más reflexivos. Hay uno que merece ser transcrito casi en su totalidad: “Un señor sabía que estaba a punto de morir y decidió hacer algo importante. Pero no sabía qué. Empezó a buscar en sus gavetas algún objeto que le ayudara a encontrar la manera de llegar a la inmortalidad. Por desgracia sólo encontró viejos cepillos de diente, llaves que abrían puertas de casas en las que ya no vivía, libros de poesía sin leer publicados por amigos a los que nadie conocía, bolígrafos sin tinta y hormigas muertas, es decir, objetos todos sin la menor valía o trascendencia. Entonces cayó en la cuenta de que no tenía nada qué hacer, que el final de sus días transcurriría del mismo modo aburrido e intrascendente como había trascurrido el resto de su vida. Por alguna extraña razón este conocimiento lo hizo sentirse importante. Y finalmente pudo morir tranquilo.”

Los relatos de Mauricio Sparks es un libro muy bien escrito. Y mejor concebido. Sus cuentos, todos de una infrecuente originalidad, son coherentes (por su estilo, tremendamente influenciado por el twitter, el facebook y los blogs) con la trayectoria artística del autor. Ernesto G (La Habana, Cuba, 1967) es, además de Licenciado en Lengua y Literatura Inglesa, poeta, narrador, videasta y blogger. Ha colaborado con varias revistas digitales y páginas de Internet. Es director de una compañía de cine independiente encaminada a la divulgación cultural de Miami. • 

manuelcdiaz@comcast.net

El Nuevo Herald

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