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CARLOS ALBERTO MONTANER: La República contra el caudillismo neopopulista

 
 

Los líderes opositores venezolanos (desde la izq.) Henrique Salas Feo, Henrique Capriles Radonski, Henry Falcón y Leopoldo López celebran la victoria de Capriles en las primarias del 12 de febrero.
Los líderes opositores venezolanos (desde la izq.) Henrique Salas Feo, Henrique Capriles Radonski, Henry Falcón y Leopoldo López celebran la victoria de Capriles en las primarias del 12 de febrero.
LEO RAMIREZ / AFP/Getty Images

El multiplicador es 2.5 o 3. Depende a quién se le pregunte. Es así como se suelen traducir los votos de las primarias en las elecciones finales. Los expertos electorales afirman que los tres millones de sufragios obtenidos por Henrique Capriles en las primarias venezolanas, pueden acarrearle entre siete y medio y nueve millones de electores en los comicios contra Hugo Chávez. Suficientes para sacarlo del poder.

“Ocho y medio es una predicción razonable”, me dijo Joaquín Pérez Rodríguez, uno de los mayores conocedores del tema. Y luego agregó: “dependerá de muchos factores, dado que faltan más de siete meses para los comicios del 7 de octubre, pero si las elecciones fueran la semana próxima, y si se realizaran sin trampas, con el grado de entusiasmo que se observa en la oposición, especialmente en la juventud, Chávez sería claramente derrotado”.

La Mesa de Unidad Democrática (MUD), guiada por Ramón Guillermo Aveledo, un honorable político democristiano, escritor y profesor universitario, ex presidente del Congreso, logró el milagro de poner de acuerdo a los diversos líderes que aspiraban al poder para forjar una candidatura única. Para conseguirlo, puso tres condiciones: él no aspiraría a ningún cargo, no aceptaría un céntimo por el servicio que le hacía al país, y todo el proceso debía ser equitativo y transparente.

Puro fair play, como dicen los norteamericanos. Hoy esa inmaculada forma de actuación la estudian ecuatorianos, nicaragüenses y bolivianos a la búsqueda de una fórmula que les permita ponerle fin pacíficamente al neopopulismo colectivista del llamado Socialismo del Siglo XXI.

Tras su victoria por más del 60% de los votos, en la ceremonia de investidura de Capriles como candidato, Ramón Guillermo Aveledo, que es, además, un buen amante de la historia, calzó sus palabras iniciales con una atinada frase pronunciada hace 200 años por el patricio José Félix Ribas: “¡Necesario es vencer! ¡Viva la República!”

Bien elegida. Capriles no es el candidato de la tercera, la cuarta o la quinta república. Es el candidato de la República a secas. La de la separación de poderes para proteger los derechos y libertades individuales. La de la autoridad limitada por una Constitución sobria. La de la subordinación de todos al imperio de la ley. La de los funcionarios electos o designados que admiten que son servidores públicos sometidos por un mandato del pueblo soberano. La de tratar al adversario con respeto y dentro de las reglas de la cordialidad cívica. La de la alternancia en el gobierno, porque en ese juego oposición-poder suele producirse una mejoría gradual y constante de la calidad del Estado.

Eso es una República. Ése es el diseño institucional que pisoteó Hugo Chávez hasta pulverizarlo. Ese espíritu es el que hoy se propone rescatar Henrique Capriles al frente de los demócratas del país. Y ésa, exactamente, es la alternativa planteada: o republicanismo o caudillismo de corte populista. Republicanismo que era, por cierto, el ideal de Bolívar, Miranda, Martí, Juárez, Alfaro y el resto de los grandes próceres latinoamericanos.

El Nuevo Herald

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