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GRANDES LIGAS

Joven pelotero cubano quiere impresionar a los Cachorros

 

jebro@elnuevoherald.com

Vestido de azul de la gorra hasta los spikes, a Carlos Martínez no hay que preguntarle cuál es su color favorito.

“Desde que nací siento que ese el color que define mi vida y mis sueños’’, explicó el lanzador, de 20 años. “Llámale suerte o lo que sea, pero no por gusto vestí primero el uniforme de los Industriales y en breve voy a ponerme el de los Cachorros de Chicago. Así que me queda mucho azul por disfrutar’’.

Martínez, que hace apenas unas semanas firmó un acuerdo –según reportes de $250,000- con los Cachorros, impresiona por su físico con 6.4 pies de estatura y 215 libras de peso, pero sobre todo, por la velocidad que le imprime a sus lanzamientos y un repertorio listo para crecer con la ayuda de los especialistas de pitcheo que posee Chicago.

Según la rigurosa publicación Baseball America, su recta se sostiene por encima de las 90 millas, su curva posee una “mordida’’ al final, pero su cambio todavía es proyecto a mejorar. Los Cachorros lo van a invitar al campamento de primavera, aunque su destino momentáneo será alguno de los círculos del sistema de granja del equipo de la Ciudad de los Vientos.

“No quiero violentar ninguna etapa de mi carrera, sino dejar que el desarrollo sea un proceso natural y que todo encaje cuando sea el momento justo’’, reconoció Martínez. “Lo único que prometo es trabajar duro para que los Cachorros sepan que no se equivocaron conmigo’’.

En su campaña con los Industriales, Martínez, entonces de 18 años, terminó con balance de 5.48, 19 ponches y 23 boletos en 23 entradas de actuación. El mismo es el primero en reconocer que no era uno de los pilares del conjunto capitalino que se coronó campeón de la Serie Nacional.

Sin embargo, el solo hecho de formar parte del club más emblemático de la pelota cubana y a tan temprana edad, lo marcará para siempre.

“Yo empecé a jugar por embullo en las calles de la Habana y casi sin darme cuenta terminé en los Industriales’’, explica Martínez. “Hasta ahora, eso es lo más grande que me ha sucedido. No era un jugador importante, pero creo que aporté mi granito de arena para lograr el título. Eso lo recordaré mientras viva’’.

Tampoco olvidará aquellos tiempos de pensamientos no siempre claros que le llevaron a abandonar la isla en busca del sueño de las Grandes Ligas. Martínez escuchaba las historias de tantos industrialistas que habían partido de Cuba y decidió que él también haría todo para probarse en el mejor béisbol del mundo.

A diferencia de otros compatriotas que llegaron con mejor hoja de servicios, Martínez era apenas un joven desconocido cuando llegó a República Dominicana y los primeros tiempos, solo y desorientado, le resultaron muy duros, hasta que un compatriota suyo, Yasiel Balaguer, lo puso en contacto con el conocido agente Jaime Torres.

“No tienes idea de lo duro que fue ese inicio en Dominicana’’, expresó Martínez, quien se reunirá en la franquicia de Chicago con varios jugadores de la mayor de las Antillas. “Pero poco a poco fueron apareciendo manos amigas y Balaguer me puso en contacto con Torres, quien es muy bien visto por los cubanos allá. Cuando hablé con él, todo empezó a cambiar para mí y por supuesto, para bien’’.

Ahora, el resto queda por Martínez.

“Quiero poner en alto el nombre de Cuba, de los Industriales, quiero poder ayudar a mi familia, que está toda en la isla’’, apuntó el muchacho. “El dinero es importante, pero al final me gustaría que me valoraran por mi amor a este deporte. Que vean en mí a un pelotero que siento lo que hace’’.

El Nuevo Herald

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