María Antonieta Collins

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DE MUJER

MARÍA ANTONIETA COLLINS: ¿Qué fue lo que dijooooo?

 

Estaba yo de lo más plácida comiendo, hasta que un grito me hizo pensar en esta columna…

¡Una cubana tostada! Después de eso vinieron otras voces:

¡A mí un cubano especial!

Y yo lo quiero… ¡Pero regular!

Y ¿qué pasó con la “Cubana Loca?, grita otra voz.

¿Y con la cubana “quemada”?

A mil por hora trataba de adivinar: ¿Una cubana tostada? Seguramente que es una mujer a la que se le pasó la mano con el sol de la playa… Lo del “cubano especial” y el “cubano regular” probablemente serían dos señores, uno encantador y el otro alguien más común y corriente.

La “cubana quemada” sin dudas era un personaje femenino que no “anduviera muy bien del cerebro”.

La “cubana loca” ah, pues alguien parecido a la “cubana quemada” pero que se arriesgara a hacer cosas fuera de lo normal.

Martita, me saca de mis pensamientos. “Es la forma en que ordenamos los sándwiches para los clientes. Esto es todo el día”.

Me explico mejor. Estoy sentada en la barra de “La Carreta” de la calle 40, mi sitio favorito del vecindario, por años la sucursal del comedor de mi casa. Al fondo me topo con los rostros de Carlos Guzmán y de Ramón Turcios, cocinero y ayudante riéndose de buena gana de mi asombro.

“Ahora le explico”, me dice Guzmán. “Cuando me piden una cubana tostada y una quemada son lo mismo, con el pan bien aplastados en la plancha”.

Como ya se había armado una folklórica clase de lingüística urbana, las meseras vinieron cada una con su explicación.

Rita me dijo “la cubana loca es una que lleva mantequilla extra”. Desde lejos Joaquinito Perales, el mánager matutino disfrutaba con aquel merequetengue armado alrededor de la gastronomía del negocio.

Se me acerca Luis: “Es que la gente también pide lo increíble… el otro día me dijo una señora: “Quiero un Arroz con pollo… pero sin pollo”.

Maryelvis acota: “Ya tú sabes”.

Disfruto de lo lindo aquel momento reflexionando en el origen de todas esas abreviaturas: son cientos los sándwiches que se preparan en las barras de cualquier cafetería de Miami, hay que hacerlo rápido y sin perder tiempo, así que al ordenarlo acortan los nombres de acuerdo a la picardía de cada cual.

A fin de cuentas, eso sucede porque aun existen sitios maravillosos donde los clientes pedimos y todos ellos nos complacen.

Iba a terminar mi disertación cuando escucho a Ana: ¡Quiero una “cubana suave”!

Y Ulpiano Gessa, un cubano asiduo del restaurante le responde:

“¿Una cubana suave? ¡Yo no la he visto todavía! Sabe a chiste, ¡Pero es verdad!”• 

mariaantonietacollins@yahoo.com
El Nuevo Herald

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